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Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Vengo de charlar con Danielle. En un punto de la conversación le he dicho que soy un ángel y lo creo. Soy un ángel y soy un demonio. A medida que despierto a la vida veo con más claridad lo bueno que hay en mí y lo malo. Tengo cosas maravillosas que me hacen único. Cuando quise ser un ángel bajé al infierno, cuando quise ser demonio acabé llevando pedazos de cielo a las almas. Cuando quise empujar a las personas a la verdad acabé atrapado en la mentira, cuando quise mostrar que no hay nada cierto acabé descubriendo mi verdad. Cuando quise aniquilarme para ser puro acabé en un pozo de inmundicia, cuando realmente toqué mi basura interior acabé volando ligero. Cuando pienso que todo lo puedo, nada consigo sin mucho dolor, cuando siento que no puedo conseguir nada, entonces el dolor deja brillar el sol de la esperanza. Somos seres duales, somos un equilibrio de fases entre dos estados. Cuando queremos solidificarnos hacemos agua, y cuando somos agua nos volvemos resistentes como una piedra. Cuando la única belleza que consideramos es el orden y la simetría, todo nos parece oscilar caóticamente. Cuando vemos la belleza en el desorden caótico todo nos parece seguir patrones y ciclos. Tan pronto como los intentamos atrapar, se desvanecen. Es la dualidad onda-corpúsculo de nuestras almas, es la física cuántica de nuestra espiritualidad. Igual que los físicos abrazan la indeterminación de Heisenberg nosotros hemos de aceptar nuestra indeterminación como única certeza. La certeza de que no hay certeza. La certeza de que toda explicación ondulatoria es incompleta y que toda explicación corpuscular lo es también. Parménides y Zenón eran la misma alma. No existe la oposición sino la complementariedad. Un sistema no está completo sin todo lo ajeno al sistema. Un buen sistema crea la ilusión de certeza, la ilusión de realidad. La realidad es una propiedad de la percepción. La realidad es una percepción que consideramos cierta. Pero al ser una ilusión, cada uno tiene la suya. Ilusiones comunes crean certezas comunes, pero ninguna certeza puede resistir la realidad, porque la realidad es indeterminada por naturaleza. Bajo determinadas circunstancias, las leyes de Newton predicen los fenómenos, son certezas generadoras de certeza. Pero nunca podrán ser absolutas. Las verdades humanas no pueden ser absolutas. Para cada certeza deberíamos enunciar las condiciones en las cuales es válida. Nos peleamos por la verdad en vez de examinar los sistemas que posibilitan esa verdad. No podemos seguir preguntándonos si algo es cierto o no, tenemos que aprender a preguntarnos bajo qué circunstancias algo puede ser cierto. En qué sistema esta verdad es capaz de predecir el futuro, en qué realidad esta verdad crea certeza. La certeza es una propiedad de nuestro interior, es un sentimiento. Lo único que podemos hacer es ser honestos con nuestras certezas. Mostrar como certeza algo que no sentimos como cierto es el peor crimen, porque confunde a los demás, es una medida experimental errónea, un dato que debe ser desechado. Proclamar una certeza cuando no se siente como tal es validar un sistema que en esas específicas circunstancias de la persona no está siendo útil. La certeza es un sentimiento que nos ayuda a sobrevivir, mentir sobre la certeza disminuye las probabilidades de supervivencia de los demás y, por tanto, es un homicidio indirecto, un atentado a la vida. Las personas más valiosas son las personas enfermas, las inadaptadas a un sistema, porque muestran donde ese sistema está fallando y permiten mejorarlo. Los herejes son escogidos, son los únicos que pueden llegar a entender que los sistemas son instrumentos, no verdades. Sólo los conocedores de la física cuántica saben que Dios no utiliza las leyes de Newton para crear el universo. Sólo los que están deprimidos y al margen del sistema pueden entender que la vida va más allá de las estructuras que hemos creado para preservarla. La relatividad moral no es el fracaso de la moral, no es el fin de la historia, es simplemente un capítulo nuevo, una teoría más amplia, es el inicio de una historia diferente.



Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Otoño. Vengo de charlar con Danielle. En un punto de la conversación le he dicho que soy un ángel y lo creo. Soy un ángel y soy un demonio. A medida que despierto a la vida veo con más claridad lo bueno que hay en mí y lo malo. Tengo cosas maravillosas que me hacen único. Cuando quise ser un ángel bajé al infierno, cuando quise ser demonio acabé llevando pedazos de cielo a las almas. Cuando quise empujar a las personas a la verdad acabé atrapado en la mentira, cuando quise mostrar que no hay nada cierto acabé descubriendo mi verdad. Cuando quise aniquilarme para ser puro acabé en un pozo de inmundicia, cuando realmente toqué mi basura interior acabé volando ligero. Cuando pienso que todo lo puedo, nada consigo sin mucho dolor, cuando siento que no puedo conseguir nada, entonces el dolor deja brillar el sol de la esperanza. Somos seres duales, somos un equilibrio de fases entre dos estados. Cuando queremos solidificarnos hacemos agua, y cuando somos agua nos volvemos resistentes como una piedra. Cuando la única belleza que consideramos es el orden y la simetría, todo nos parece oscilar caóticamente. Cuando vemos la belleza en el desorden caótico todo nos parece seguir patrones y ciclos. Tan pronto como los intentamos atrapar, se desvanecen. Es la dualidad onda-corpúsculo de nuestras almas, es la física cuántica de nuestra espiritualidad. Igual que los físicos abrazan la indeterminación de Heisenberg nosotros hemos de aceptar nuestra indeterminación como única certeza. La certeza de que no hay certeza. La certeza de que toda explicación ondulatoria es incompleta y que toda explicación corpuscular lo es también. Parménides y Zenón eran la misma alma. No existe la oposición sino la complementariedad. Un sistema no está completo sin todo lo ajeno al sistema. Un buen sistema crea la ilusión de certeza, la ilusión de realidad. La realidad es una propiedad de la percepción. La realidad es una percepción que consideramos cierta. Pero al ser una ilusión, cada uno tiene la suya. Ilusiones comunes crean certezas comunes, pero ninguna certeza puede resistir la realidad, porque la realidad es indeterminada por naturaleza. Bajo determinadas circunstancias, las leyes de Newton predicen los fenómenos, son certezas generadoras de certeza. Pero nunca podrán ser absolutas. Las verdades humanas no pueden ser absolutas. Para cada certeza deberíamos enunciar las condiciones en las cuales es válida. Nos peleamos por la verdad en vez de examinar los sistemas que posibilitan esa verdad. No podemos seguir preguntándonos si algo es cierto o no, tenemos que aprender a preguntarnos bajo qué circunstancias algo puede ser cierto. En qué sistema esta verdad es capaz de predecir el futuro, en qué realidad esta verdad crea certeza. La certeza es una propiedad de nuestro interior, es un sentimiento. Lo único que podemos hacer es ser honestos con nuestras certezas. Mostrar como certeza algo que no sentimos como cierto es el peor crimen, porque confunde a los demás, es una medida experimental errónea, un dato que debe ser desechado. Proclamar una certeza cuando no se siente como tal es validar un sistema que en esas específicas circunstancias de la persona no está siendo útil. La certeza es un sentimiento que nos ayuda a sobrevivir, mentir sobre la certeza disminuye las probabilidades de supervivencia de los demás y, por tanto, es un homicidio indirecto, un atentado a la vida. Las personas más valiosas son las personas enfermas, las inadaptadas a un sistema, porque muestran donde ese sistema está fallando y permiten mejorarlo. Los herejes son escogidos, son los únicos que pueden llegar a entender que los sistemas son instrumentos, no verdades. Sólo los conocedores de la física cuántica saben que Dios no utiliza las leyes de Newton para crear el universo. Sólo los que están deprimidos y al margen del sistema pueden entender que la vida va más allá de las estructuras que hemos creado para preservarla. La relatividad moral no es el fracaso de la moral, no es el fin de la historia, es simplemente un capítulo nuevo, una teoría más amplia, es el inicio de una historia diferente.



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