Share Dialog
Share Dialog
Estoy en espera. Es el nombre del café y de mi situación. Estoy con Jack. Es un alivio tenerle cerca. Ayer por la noche cuando llegó Jessica se produjo lo que considero mi tercer mauerfall. La explosión de ira y rechazo que se produjo fue enorme y sin precedentes. Nunca nadie me ha gritado e insultado con mayor vehemencia y locura. Era la imagen de una persona colapsando, asistiendo al derrumbe de toda su realidad. Era la imagen de alguien absolutamente defraudado, de un niño al que le roban un caramelo. Mi pecado está hecho y es ostensible. Su indignación es comprensible. Su absoluta obcecación y la falta de empatía muestra cómo de importante eran para ella sus sueños, mi compromiso con la realidad que ella estaba construyendo para mí. Si miro hacia atrás, creo que he tenido poco que decir en esa realidad. Las constantes referencias sobre el matrimonio y los hijos, sobre lo guay que éramos, sobre lo buena que era nuestra relación. Yo lo he estropeado todo, todo lo que no había construido, todo en lo que por acción u omisión había consentido en construir. Siempre fui consciente de la realidad que se estaba creando, de su incapacidad para vivir en el presente, de su necesidad de estructurarlo todo y hacerlo previsible. Lo entiendo. Era su rol en la relación. El mío era mostrar mi opinión de manera honesta y clara y contundente y está claro que no lo he sabido hacer. El mío era no aceptar compromisos que no me sintiera preparado para aceptar y no lo he sabido hacer. Me destrozaba el alma verla llorar tanto, escuchar sus sollozos. No puedo quitármelo de la cabeza igual que jamás olvidaré a la pobre Mercedes. Pero la historia me muestra que es mejor ese odio que continuar colaborando en la construcción de un sueño que no es compartido. ¿Qué tipo de amor es el que pone pruebas y condiciones constantes? Yo quiero que se me acepte como soy y que se confíe en mí. Yo creo que he aceptado a Jessica como es y he confiado en ella. Evidentemente ella no tiene todos los atributos de la mujer de mis sueños, pero he sabido adaptar mis sueños. No siento que haya sido recíproco. Lo sabía y, si no fuera por el incidente, podían haber pasado años así.
Me siento muy triste pero a la vez esperanzado. Me estaba construyendo una jaula de oro. Cuando en un momento de la noche me dijo que "me había dado todas las facilidades", sentí la trampa del razonamiento, sentí que no era una relación de igual a igual, sino de una persona que quería una cosa y que “cedía” para que se concedera su deseo. Yo no quiero que "me concedan" poder acostarme con otras chicas, yo quiero que me acepten como soy y que confíen en mí. Cualquiera me podría decir que más confianza y aceptación no se puede mostrar. Cierto, en ese caso me merezco la soledad. En ese caso mi individualismo y falta de sacrificio por una realidad compartida se merece la carencia de una relación de pareja. He estado más cerca que nunca. Como dice Jack, mejoro de una relación en otra. Ojalá que nunca más haga sufrir a nadie como he visto sufrir a Jessica. Para ello es momento de crecer. De dejar de tener miedo. Es momento de mostrarme como soy y de decir lo que pienso. Es el momento de tomar decisiones y aceptar las consecuencias.
No tengo muchas fuerzas para luchar por esta relación. La sensación de Toñi, Orsi y Lali es compartida. Yo ya he hecho el ejercicio de dar más oportunidades. Ahora es el momento de que me den una a mí. En la mano de Jessica está la enorme oportunidad de confiar en mí y dejarme demostrar que quiero y puedo aprender de mis errores. Pero entiendo que para ella sea un peso insoporlable y asumo la expulsión del paraíso.
Cuando tenía 5 años y "pequé" con Erica, mi mayor temor fue la muerte, la expulsión del paraíso familiar. Reproducir el pecado, ser honesto y aceptar la expulsión es un muerfall. Reforzar mi autoestima para soportar tanta violencia es un mauerfall. Pase lo que pase es un éxito, aunque las próximas semanas sean difíciles y la vaya a echar de menos. No quiero ser desconsiderado con su sufrimiento, pero me conviene ante todo mantener una actitud positiva y optimista. No se acaba el mundo porque mi mundo lo llevo dentro. No es el fin porque nada se acaba hasta que nos morimos y muertos estamos ya. Puedo llorar la felicidad perdida o celebrar todo lo bueno de estas 23 semanas. Puedo lamentarme por mis actos o respirar y sentir que estoy vivo, aquí y ahora.



Estoy en espera. Es el nombre del café y de mi situación. Estoy con Jack. Es un alivio tenerle cerca. Ayer por la noche cuando llegó Jessica se produjo lo que considero mi tercer mauerfall. La explosión de ira y rechazo que se produjo fue enorme y sin precedentes. Nunca nadie me ha gritado e insultado con mayor vehemencia y locura. Era la imagen de una persona colapsando, asistiendo al derrumbe de toda su realidad. Era la imagen de alguien absolutamente defraudado, de un niño al que le roban un caramelo. Mi pecado está hecho y es ostensible. Su indignación es comprensible. Su absoluta obcecación y la falta de empatía muestra cómo de importante eran para ella sus sueños, mi compromiso con la realidad que ella estaba construyendo para mí. Si miro hacia atrás, creo que he tenido poco que decir en esa realidad. Las constantes referencias sobre el matrimonio y los hijos, sobre lo guay que éramos, sobre lo buena que era nuestra relación. Yo lo he estropeado todo, todo lo que no había construido, todo en lo que por acción u omisión había consentido en construir. Siempre fui consciente de la realidad que se estaba creando, de su incapacidad para vivir en el presente, de su necesidad de estructurarlo todo y hacerlo previsible. Lo entiendo. Era su rol en la relación. El mío era mostrar mi opinión de manera honesta y clara y contundente y está claro que no lo he sabido hacer. El mío era no aceptar compromisos que no me sintiera preparado para aceptar y no lo he sabido hacer. Me destrozaba el alma verla llorar tanto, escuchar sus sollozos. No puedo quitármelo de la cabeza igual que jamás olvidaré a la pobre Mercedes. Pero la historia me muestra que es mejor ese odio que continuar colaborando en la construcción de un sueño que no es compartido. ¿Qué tipo de amor es el que pone pruebas y condiciones constantes? Yo quiero que se me acepte como soy y que se confíe en mí. Yo creo que he aceptado a Jessica como es y he confiado en ella. Evidentemente ella no tiene todos los atributos de la mujer de mis sueños, pero he sabido adaptar mis sueños. No siento que haya sido recíproco. Lo sabía y, si no fuera por el incidente, podían haber pasado años así.
Me siento muy triste pero a la vez esperanzado. Me estaba construyendo una jaula de oro. Cuando en un momento de la noche me dijo que "me había dado todas las facilidades", sentí la trampa del razonamiento, sentí que no era una relación de igual a igual, sino de una persona que quería una cosa y que “cedía” para que se concedera su deseo. Yo no quiero que "me concedan" poder acostarme con otras chicas, yo quiero que me acepten como soy y que confíen en mí. Cualquiera me podría decir que más confianza y aceptación no se puede mostrar. Cierto, en ese caso me merezco la soledad. En ese caso mi individualismo y falta de sacrificio por una realidad compartida se merece la carencia de una relación de pareja. He estado más cerca que nunca. Como dice Jack, mejoro de una relación en otra. Ojalá que nunca más haga sufrir a nadie como he visto sufrir a Jessica. Para ello es momento de crecer. De dejar de tener miedo. Es momento de mostrarme como soy y de decir lo que pienso. Es el momento de tomar decisiones y aceptar las consecuencias.
No tengo muchas fuerzas para luchar por esta relación. La sensación de Toñi, Orsi y Lali es compartida. Yo ya he hecho el ejercicio de dar más oportunidades. Ahora es el momento de que me den una a mí. En la mano de Jessica está la enorme oportunidad de confiar en mí y dejarme demostrar que quiero y puedo aprender de mis errores. Pero entiendo que para ella sea un peso insoporlable y asumo la expulsión del paraíso.
Cuando tenía 5 años y "pequé" con Erica, mi mayor temor fue la muerte, la expulsión del paraíso familiar. Reproducir el pecado, ser honesto y aceptar la expulsión es un muerfall. Reforzar mi autoestima para soportar tanta violencia es un mauerfall. Pase lo que pase es un éxito, aunque las próximas semanas sean difíciles y la vaya a echar de menos. No quiero ser desconsiderado con su sufrimiento, pero me conviene ante todo mantener una actitud positiva y optimista. No se acaba el mundo porque mi mundo lo llevo dentro. No es el fin porque nada se acaba hasta que nos morimos y muertos estamos ya. Puedo llorar la felicidad perdida o celebrar todo lo bueno de estas 23 semanas. Puedo lamentarme por mis actos o respirar y sentir que estoy vivo, aquí y ahora.




Subscribe to La vida de Mauerfall

Subscribe to La vida de Mauerfall
<100 subscribers
<100 subscribers
No activity yet