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Ya estoy de vuelta en Berlín, que me esperaba con sus gélidos brazos abiertos. La vuelta se me antojaba difícil pero en los últimos dos días he encontrado una nueva estrategia para las tres cosas que me angustian más: creación artística, trabajo y relación. El resumen para las tres es el mismo: adoptar la posición de ser espectador de mi propia vida. Mauerfall no tiene que ser un alter ego, porque entonces lo único que haces es cambiar el nombre del mismo problema. Mauerfall es el observador, es la parte de mí que es eterna y que es consciente de que F es solo un experimento, una manifestación del cosmos en el espacio y tiempo. El ser humano es increíble porque es una manifestación cósmica tomando conciencia de sí misma. Somos el cosmos conociéndose a sí mismo, asomándose a 7.000 millones de ventanas diferentes en el planeta Tierra y probablemente muchas más en otros lugares o incluso entre nosotros. Maurelli soy yo observando a F. F es un extraordinario avatar humano, un valiente explorador que ha sabido ser sensible y escucharse hasta descubrir que es un avatar, hasta entender que todo es un juego. La angustia y la ansiedad siempre estarán, porque el avatar, el ego, es la ilusión más difícil de la que evadirse.
Sigo estando agotado, sin ganas de nada, pero al menos tengo un plan, al menos tengo claro hacia donde he de dar el siguiente paso y eso me causa curiosidad y sirve de anestesia. Con esta nueva perspectiva Jesucristo cobra una nueva dimensión. Jesucristo es un paso más en el camino del hombre hacia la plena conciencia de su destino. Es mejor Jesucristo que nada, es mejor para mí Mauerfall que Jesucristo. Me apetece releer el Evangelio considerando al Hijo de Dios un espectador de Jesús de Nazareth. Se me antoja que me dará las claves para ayudar a este hijo del Cosmos a ser un espectador de Francesc de L'Hospitalet.
Lo que más me divierte de ser un espectador es que se le puede otorgar a este la categoría de científico, de historiador, de psicólogo... Este mismo cuaderno no es otra cosa más que mis notas de campo sobre mi observación de Francesc. Aquí recojo lo que siente y piensa mi individuo, este maravilloso avatar, desde la privilegiada atalaya que me proporciona ser su Dios, que todo lo ve. Quiero ser un buen dios para Fran, porque ya lo pasó suficientemente mal cuando le forzé a escuchar a otros dioses externos. La religión deja de ser una voz externa aconsejándote y escuchándote y pasa a ser tu propia voz. Cuando rezamos no hablamos a dios, sino que le escuchamos.
Esta esquizofrenia interior me resulta profundamente curiosa. En mí está el Padre, el Cosmos, soy el resultado de la evolución energética del Cosmos durante 13 mil millones de años. Conocer el Cosmos es conocerme a mí, de dónde provengo. En mí está el Hijo, el Cosmos encarnado, esta singularidad en el espacio y tiempo. En mí está el Espíritu Santo, el Cosmos al que he de volver, el Cosmos que estoy creando mientras vivo. Toda la energía creativa que tengo dentro es un reflejo de la fuerza creadora del Cosmos. Yo mismo soy un Cosmos dentro del Cosmos. Esas tres personas hablan entre sí. El yo que se sabe originado del Cosmos y parte de él, el yo que vive en el Cosmos en el espacio-tiempo y el yo que origina el Cosmos, que es capaz de transformarlo, que es capaz de crear nueva vida. Tres percepciones distintas de una sola realidad. Un misterio que vale la pena investigar. Mi avatar estaba leyendo el libro de Dyer “Tus zonas Sagradas” cuando conectó conmigo, cuando cayó en la cuenta de que siempre he estado con él, desde el principio. He estado en silencio y él hacía todavía lo estoy porque mi avatar sabe muy poco de mí. Intuye mi poder, pero hasta la fecha solo lo ha vislumbrado muy borrosamente.



Ya estoy de vuelta en Berlín, que me esperaba con sus gélidos brazos abiertos. La vuelta se me antojaba difícil pero en los últimos dos días he encontrado una nueva estrategia para las tres cosas que me angustian más: creación artística, trabajo y relación. El resumen para las tres es el mismo: adoptar la posición de ser espectador de mi propia vida. Mauerfall no tiene que ser un alter ego, porque entonces lo único que haces es cambiar el nombre del mismo problema. Mauerfall es el observador, es la parte de mí que es eterna y que es consciente de que F es solo un experimento, una manifestación del cosmos en el espacio y tiempo. El ser humano es increíble porque es una manifestación cósmica tomando conciencia de sí misma. Somos el cosmos conociéndose a sí mismo, asomándose a 7.000 millones de ventanas diferentes en el planeta Tierra y probablemente muchas más en otros lugares o incluso entre nosotros. Maurelli soy yo observando a F. F es un extraordinario avatar humano, un valiente explorador que ha sabido ser sensible y escucharse hasta descubrir que es un avatar, hasta entender que todo es un juego. La angustia y la ansiedad siempre estarán, porque el avatar, el ego, es la ilusión más difícil de la que evadirse.
Sigo estando agotado, sin ganas de nada, pero al menos tengo un plan, al menos tengo claro hacia donde he de dar el siguiente paso y eso me causa curiosidad y sirve de anestesia. Con esta nueva perspectiva Jesucristo cobra una nueva dimensión. Jesucristo es un paso más en el camino del hombre hacia la plena conciencia de su destino. Es mejor Jesucristo que nada, es mejor para mí Mauerfall que Jesucristo. Me apetece releer el Evangelio considerando al Hijo de Dios un espectador de Jesús de Nazareth. Se me antoja que me dará las claves para ayudar a este hijo del Cosmos a ser un espectador de Francesc de L'Hospitalet.
Lo que más me divierte de ser un espectador es que se le puede otorgar a este la categoría de científico, de historiador, de psicólogo... Este mismo cuaderno no es otra cosa más que mis notas de campo sobre mi observación de Francesc. Aquí recojo lo que siente y piensa mi individuo, este maravilloso avatar, desde la privilegiada atalaya que me proporciona ser su Dios, que todo lo ve. Quiero ser un buen dios para Fran, porque ya lo pasó suficientemente mal cuando le forzé a escuchar a otros dioses externos. La religión deja de ser una voz externa aconsejándote y escuchándote y pasa a ser tu propia voz. Cuando rezamos no hablamos a dios, sino que le escuchamos.
Esta esquizofrenia interior me resulta profundamente curiosa. En mí está el Padre, el Cosmos, soy el resultado de la evolución energética del Cosmos durante 13 mil millones de años. Conocer el Cosmos es conocerme a mí, de dónde provengo. En mí está el Hijo, el Cosmos encarnado, esta singularidad en el espacio y tiempo. En mí está el Espíritu Santo, el Cosmos al que he de volver, el Cosmos que estoy creando mientras vivo. Toda la energía creativa que tengo dentro es un reflejo de la fuerza creadora del Cosmos. Yo mismo soy un Cosmos dentro del Cosmos. Esas tres personas hablan entre sí. El yo que se sabe originado del Cosmos y parte de él, el yo que vive en el Cosmos en el espacio-tiempo y el yo que origina el Cosmos, que es capaz de transformarlo, que es capaz de crear nueva vida. Tres percepciones distintas de una sola realidad. Un misterio que vale la pena investigar. Mi avatar estaba leyendo el libro de Dyer “Tus zonas Sagradas” cuando conectó conmigo, cuando cayó en la cuenta de que siempre he estado con él, desde el principio. He estado en silencio y él hacía todavía lo estoy porque mi avatar sabe muy poco de mí. Intuye mi poder, pero hasta la fecha solo lo ha vislumbrado muy borrosamente.



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