
Subscribe to La vida de Mauerfall

Subscribe to La vida de Mauerfall
Share Dialog
Share Dialog
<100 subscribers
<100 subscribers
El sábado después de Buttons empalmé directamente con el brunch de Drumherum. La sensación mental y corporal que produce la falta de sueño siempre me ha fascinado. Es como vivir en un sueño, como si disfrutaras de un tiempo extraordinario del día anterior. Es como sacrificar un día de vida a costa de alargar el día anterior. Estuve dudando si ir o no. En esa comunidad me siento acogido y rechazado a partes iguales. Al final me decidí a entrar y a dejarme llevar. Me puse a pelar fruta junto a una chica que me llamó poderosamente la atención y me recordaba mucho a Blanca. La miré varias veces, como asegurándome que realmente no era ella. Se llama Pauline. Estuvimos mucho rato pelando fruta y luego nos sentamos juntos en la comida. Como siempre empecé a explicar mis absurdas teorías sobre las cosas más insignificantes y observando la reacción que provocaba. Percibía en ella la energía disonante de las personas que, como yo, sienten un impulso creativo y a la vez la frustración por las constricciones que nos hemos auto-impuesto por nuestra absoluta dependencia emocional del sistema. Hablé de religión y ella confesó su total ignorancia, aunque de alguna manera sentía en ella el drama de las personas religiosas. Su novio resultó ser el hermano del novio de Ani, que también se encontraba por allí. Ambas eran pues una especie de cuñadas y me sentía afortunado de poder escucharlas y contemplarlas de cerca. He pensado mucho en mi predilección por las mujeres bellas. Me siento naturalmente inclinado a ellas, a hacer un esfuerzo extraordinario por entrar en su mundo. Es sin duda un impulso de mi ego buscando aprobación y validación de los mejores especímenes del sexo opuesto. Últimamente intento tomar ventaja de ese impulso. Es una fuerza irrefrenable por estar presente y comunicarme, es un ancla a este mundo. El reto es transformar esa interacción gradualmente desde una acción interesada y egocéntrica a una donación desinteresada y altruista. Cuanta más bella es la mujer y mayor deseo siento por ella, mayor es la dificultad de la transición. Intento centrarme en la conquista de esa transición más allá de la conquista de su genitalidad o, en su defecto, de su afecto y atención. Incluso esa transición la hago en ocasiones movido por el interés y la inconfesable expectativa de que me proporcionará lo que mi ego ansía. Nunca se está libre de la insidiosa sombra del ego, o dicho de otra manera, siempre estoy protegido por la amorosa presencia de mi ego. Ambas son maneras válidas de describir un mismo fenómeno: la constante dualidad entre lo que mi avatar ansía y lo que la energía dentro de mí me inspira. Cada vez soy más consciente de que no se trata de una elección entre la una o la otra, sino en encontrar el balance adecuado. Ese balance puede practicarse de dos maneras: conectando con gente con la que no me siento sexualmente atraído o moderando las expectativas y necesidades de mi ego. La primera vía me permite conocer exactamente qué comparto por pasión, por amor y qué comparto para vanagloriarme. ¿Sería una conversación que mantendría con alguien de quien no puedo esperar nada? ¿Estoy ofreciéndome con el desinterés que tendría con otro chico, con un vagabundo, con un enemigo? De igual modo, ¿puedo hacer algo para esperar menos de una mujer bella? ¿Puedo entrenar mi mirada de manera que esa transición de objeto de deseo a sujeto de emoción sea más fácil? Siempre esas conversaciones con mujeres bellas han sido fuente de inspiración y frustración. De alguna manera siempre será así. Solo puedo cambiar mi percepción para vivir esos encuentros como oportunidades de aprendizaje y no como tests. Los exámenes generan ansiedad, los aprendizajes satisfacción y empoderamiento. No hay acciones puras. Me observaba a mí mismo transicionando constantemente entre el examen y el aprendizaje. Cuando era pequeño me entusiasmaban los inicios de curso, de lección, de ejercicio y me angustiaban los cierres, los exámenes y los juicios. Opté por vivir mi educación como un juicio constante del que no podría salir de otra manera que victorioso, con la mayor nota posible. Ahora es mi turno de vivir los exámenes, que son inevitables, como una fuente de aprendizaje también. Imagina ir a un examen para aprender sobre qué has aprendido en vez de a demostrar que has aprendido. Imagina hablar con una mujer bella para detectar qué aprendizaje sobre tu ego has interiorizado y cuál no. Imagina que ante una persona que me atrae no pienso en el 10 del sexo, la relación o el afecto, sino en que tengo una oportunidad de hacer aflorar mis miedos y deseos más profundos y descubrir que partes de la lección todavía no tengo interiorizadas. Son tantas veces en las que no hemos de dejar de hacer algo, sino cambiar la intención, la mirada. No hemos de suprimir los exámenes, ni evitar el sexo, ni dar la espalda al ego. Eso en el fondo es más alimento para el ego. La receta contra el ego no es dejar de hacer exámenes para evitar el 10. La receta es hacerlos y no consultar la nota, dejarla allí como el protagonista de Drive dejó la bolsa llena de dólares junto al cadáver de aquel que quería aniquilarlo. Drive fue lo que Pauline respondió cuando le pregunté por su película favorita. Me sentí algo defraudado pero en algún lugar de mí supe que era un omen, y así quedó recogido poco más tarde. Una vez definí a Mauerfall como un “omen-yonkie”, un ávido recolector de señales, un adicto a ver destellos de trascendencia en los detalles insignificantes de la vida. A veces pienso que sería bonito recogerlos todos en un blog. Será divertido recorrerlos cuando la vida se apague en mí y eche la vista atrás. Esa lucha contra el ego no es para robarle lo que es suyo, sino para demostrarle que aquello que le obsesiona no vale la pena. Y para hacerle aprender la lección no hay otro camino que matarle, porque jamás lo podrá entender de otra manera. madero. Esto es lo que le acabo de escribir a Pauline:
“Our fight against our ego is like the fight of the driver against the criminals. He fought until he killed everyone, losing his beloved ones and even himself in that fight. Everything to finally let the money there, next to the dead body of his last enemy. In your life you become a criminal yourself until you kill your own ego. But you don’t do it to steal what your ego desires, but to prove to your ego that their desires are not worth it, that their obsession is worthless.”
He de reconocer que últimamente he pensado en un par de ocasiones que perder esta libreta sería algo muy duro de aceptar, casi como perder un brazo o una pierna. Tengo que escanearla. Estoy cansado y tengo ganas de fumar. Hace un rato he estado un en casa de Ramsey. Todo lo que he escrito lo he dicho con ella en mente. Constantemente notaba lo preciosa que era y la angustia del examen. Pero entonces buscaba en mi interior la inamovible fuerza de la honestidad, de la ausencia de expectativas. Un ir y venir constante entre mi deseo y mi centro de energía. Un ejercicio constante de proponer a mi ego una nueva manera de mirar el mundo. No estoy preparado para resistir el ejercicio con un símbolo tan fuerte como el sexo. Sería demasiado dinero. No hay manera humana de que espiritualmente lo deje allí. Quizá en el futuro, pero no todavía. En el fondo esa es la raíz de por qué generé codependencia en mi relación con Jessica. El sexo es una fuerza creativa tan fundamental y arraigada en nosotros que experimentarla antes de tiempo, cuando apenas hemos empezado nuestro camino de auto-definición, puede llevarnos a una auto-determinación prematura. Eso no es necesariamente malo porque no hay muro que no se pueda derribar. Pero añadir un poco de paciencia a la ecuación puede significar una expansión creativa más libre y amplia. Poner muros antes de tiempo no es el fin del mundo, pero sí que es crear un mundo finito. Lo que es innegable es que no recuerdo haberme sentido tan libre respecto al sexo en vida. Ese es el fruto del tercer mauerfall. No sé hasta dónde llegará ni cómo evolucionará. Somos ondas, así que espero "ir hacia atrás" en algún punto. Pero el simple hecho de haber oscilado hasta estos parajes ya me dará una nueva perspectiva y su recuerdo una nueva esperanza cuando de nuevo me vea descendiendo al infierno.
Después del brunch en Drumeherum, Adrien se pasó a buscarme y me llevó a su piso para enseñarme un regalo que tenía para mí. Se trataba de un remolque de bicicleta nuevo a estrenar que se había comprado tiempo atrás. Es bonito que le recordara a mí y que me lo regale como estímulo a continuar mis aventuras sobre ruedas. Sobre este tipo de aventuras estuve hablando previamente con Ralph. Él y Katy eran mi pareja favorita de Drumherum. Y digo eran porque han roto. De he hecho a ellos les expliqué mi teoría de las cuatro dimensiones de la relación: apego, sexo, solidaridad y pasión. Ellos se presentaron el uno al otro como la consumación perfecta de esas necesidades. Me parecieron una pareja perfecta... pero ya se sabe, la perfección no es sostenible, básicamente porque la vida es puro equilibrio entre el cielo y la tierra, entre lo inmutable y lo cambiante, entre el paraíso y el infierno.
Llegué a casa justo de fuerzas y deseando ir a dormir, pero contra pronóstico Jessica estaba allí. Su jefe le había devuelto a casa ante su incapacidad para controlar el llanto durante el trabajo. Como siempre la situación era muy tensa. No recuerdo muy bien cómo fue la conversación. Ojalá hubiera escrito a la mañana siguiente. Básicamente le pregunté sobre lo que más le angustiaba, que era su situación presente de estar atrapada en mi casa sin un lugar al que ir. Ni le angustiaba el futuro sin pareja ni le hacía sentir melancolía el recuerdo de lo que habíamos vivido. Para mí eso eran buenas noticias, ojalá pudiera yo decir lo mismo. En otro momento le animé a conectar con la chica recién llegada a Berlín que conocí hace seis meses. Tras un buen rato juntos en el comedor, intercalando conversaciones con largas miradas sostenidas en silencio, se fue a dormir y me invitó a usar la cama. Me acosté con ella y la abracé. Toda la tensión sexual que todavía sentíamos se intentaba abrir paso pero por suerte ella sabe controlar esos impulsos mejor que yo. En un momento de la noche confesó que lo que más le rompía el alma era perderme como amigo. “I don’t even need a boyfriend”. Estas palabras actuaron como un conjuro y automáticamente sentí como desaparecía la separación entre nosotros. Fue reconfortante volver a mirarnos el uno al otro como amigos. Para mí fue como despertar de un sueño de seis meses. Me preguntaba qué miedo inconfesable me condujo a crear una realidad que en el fondo de mí no quería. Me sentía muy feliz, consciente de tener una segunda oportunidad única que otras personas necesitan años para disfrutar. Un privilegio y una maldición como seguro que se verá en las próximas semanas. De todas formas, esta valiente y rápida transición de Jessica me llevó a decirle estas sentidas palabras:
"I admire you. The way you are overcoming your hate towards me and transforming it into something constructive is just impressive".
Estas son palabras que me puedo repetir a mí mismo cada vez que consiga que mi frustración no me paralice.






El sábado después de Buttons empalmé directamente con el brunch de Drumherum. La sensación mental y corporal que produce la falta de sueño siempre me ha fascinado. Es como vivir en un sueño, como si disfrutaras de un tiempo extraordinario del día anterior. Es como sacrificar un día de vida a costa de alargar el día anterior. Estuve dudando si ir o no. En esa comunidad me siento acogido y rechazado a partes iguales. Al final me decidí a entrar y a dejarme llevar. Me puse a pelar fruta junto a una chica que me llamó poderosamente la atención y me recordaba mucho a Blanca. La miré varias veces, como asegurándome que realmente no era ella. Se llama Pauline. Estuvimos mucho rato pelando fruta y luego nos sentamos juntos en la comida. Como siempre empecé a explicar mis absurdas teorías sobre las cosas más insignificantes y observando la reacción que provocaba. Percibía en ella la energía disonante de las personas que, como yo, sienten un impulso creativo y a la vez la frustración por las constricciones que nos hemos auto-impuesto por nuestra absoluta dependencia emocional del sistema. Hablé de religión y ella confesó su total ignorancia, aunque de alguna manera sentía en ella el drama de las personas religiosas. Su novio resultó ser el hermano del novio de Ani, que también se encontraba por allí. Ambas eran pues una especie de cuñadas y me sentía afortunado de poder escucharlas y contemplarlas de cerca. He pensado mucho en mi predilección por las mujeres bellas. Me siento naturalmente inclinado a ellas, a hacer un esfuerzo extraordinario por entrar en su mundo. Es sin duda un impulso de mi ego buscando aprobación y validación de los mejores especímenes del sexo opuesto. Últimamente intento tomar ventaja de ese impulso. Es una fuerza irrefrenable por estar presente y comunicarme, es un ancla a este mundo. El reto es transformar esa interacción gradualmente desde una acción interesada y egocéntrica a una donación desinteresada y altruista. Cuanta más bella es la mujer y mayor deseo siento por ella, mayor es la dificultad de la transición. Intento centrarme en la conquista de esa transición más allá de la conquista de su genitalidad o, en su defecto, de su afecto y atención. Incluso esa transición la hago en ocasiones movido por el interés y la inconfesable expectativa de que me proporcionará lo que mi ego ansía. Nunca se está libre de la insidiosa sombra del ego, o dicho de otra manera, siempre estoy protegido por la amorosa presencia de mi ego. Ambas son maneras válidas de describir un mismo fenómeno: la constante dualidad entre lo que mi avatar ansía y lo que la energía dentro de mí me inspira. Cada vez soy más consciente de que no se trata de una elección entre la una o la otra, sino en encontrar el balance adecuado. Ese balance puede practicarse de dos maneras: conectando con gente con la que no me siento sexualmente atraído o moderando las expectativas y necesidades de mi ego. La primera vía me permite conocer exactamente qué comparto por pasión, por amor y qué comparto para vanagloriarme. ¿Sería una conversación que mantendría con alguien de quien no puedo esperar nada? ¿Estoy ofreciéndome con el desinterés que tendría con otro chico, con un vagabundo, con un enemigo? De igual modo, ¿puedo hacer algo para esperar menos de una mujer bella? ¿Puedo entrenar mi mirada de manera que esa transición de objeto de deseo a sujeto de emoción sea más fácil? Siempre esas conversaciones con mujeres bellas han sido fuente de inspiración y frustración. De alguna manera siempre será así. Solo puedo cambiar mi percepción para vivir esos encuentros como oportunidades de aprendizaje y no como tests. Los exámenes generan ansiedad, los aprendizajes satisfacción y empoderamiento. No hay acciones puras. Me observaba a mí mismo transicionando constantemente entre el examen y el aprendizaje. Cuando era pequeño me entusiasmaban los inicios de curso, de lección, de ejercicio y me angustiaban los cierres, los exámenes y los juicios. Opté por vivir mi educación como un juicio constante del que no podría salir de otra manera que victorioso, con la mayor nota posible. Ahora es mi turno de vivir los exámenes, que son inevitables, como una fuente de aprendizaje también. Imagina ir a un examen para aprender sobre qué has aprendido en vez de a demostrar que has aprendido. Imagina hablar con una mujer bella para detectar qué aprendizaje sobre tu ego has interiorizado y cuál no. Imagina que ante una persona que me atrae no pienso en el 10 del sexo, la relación o el afecto, sino en que tengo una oportunidad de hacer aflorar mis miedos y deseos más profundos y descubrir que partes de la lección todavía no tengo interiorizadas. Son tantas veces en las que no hemos de dejar de hacer algo, sino cambiar la intención, la mirada. No hemos de suprimir los exámenes, ni evitar el sexo, ni dar la espalda al ego. Eso en el fondo es más alimento para el ego. La receta contra el ego no es dejar de hacer exámenes para evitar el 10. La receta es hacerlos y no consultar la nota, dejarla allí como el protagonista de Drive dejó la bolsa llena de dólares junto al cadáver de aquel que quería aniquilarlo. Drive fue lo que Pauline respondió cuando le pregunté por su película favorita. Me sentí algo defraudado pero en algún lugar de mí supe que era un omen, y así quedó recogido poco más tarde. Una vez definí a Mauerfall como un “omen-yonkie”, un ávido recolector de señales, un adicto a ver destellos de trascendencia en los detalles insignificantes de la vida. A veces pienso que sería bonito recogerlos todos en un blog. Será divertido recorrerlos cuando la vida se apague en mí y eche la vista atrás. Esa lucha contra el ego no es para robarle lo que es suyo, sino para demostrarle que aquello que le obsesiona no vale la pena. Y para hacerle aprender la lección no hay otro camino que matarle, porque jamás lo podrá entender de otra manera. madero. Esto es lo que le acabo de escribir a Pauline:
“Our fight against our ego is like the fight of the driver against the criminals. He fought until he killed everyone, losing his beloved ones and even himself in that fight. Everything to finally let the money there, next to the dead body of his last enemy. In your life you become a criminal yourself until you kill your own ego. But you don’t do it to steal what your ego desires, but to prove to your ego that their desires are not worth it, that their obsession is worthless.”
He de reconocer que últimamente he pensado en un par de ocasiones que perder esta libreta sería algo muy duro de aceptar, casi como perder un brazo o una pierna. Tengo que escanearla. Estoy cansado y tengo ganas de fumar. Hace un rato he estado un en casa de Ramsey. Todo lo que he escrito lo he dicho con ella en mente. Constantemente notaba lo preciosa que era y la angustia del examen. Pero entonces buscaba en mi interior la inamovible fuerza de la honestidad, de la ausencia de expectativas. Un ir y venir constante entre mi deseo y mi centro de energía. Un ejercicio constante de proponer a mi ego una nueva manera de mirar el mundo. No estoy preparado para resistir el ejercicio con un símbolo tan fuerte como el sexo. Sería demasiado dinero. No hay manera humana de que espiritualmente lo deje allí. Quizá en el futuro, pero no todavía. En el fondo esa es la raíz de por qué generé codependencia en mi relación con Jessica. El sexo es una fuerza creativa tan fundamental y arraigada en nosotros que experimentarla antes de tiempo, cuando apenas hemos empezado nuestro camino de auto-definición, puede llevarnos a una auto-determinación prematura. Eso no es necesariamente malo porque no hay muro que no se pueda derribar. Pero añadir un poco de paciencia a la ecuación puede significar una expansión creativa más libre y amplia. Poner muros antes de tiempo no es el fin del mundo, pero sí que es crear un mundo finito. Lo que es innegable es que no recuerdo haberme sentido tan libre respecto al sexo en vida. Ese es el fruto del tercer mauerfall. No sé hasta dónde llegará ni cómo evolucionará. Somos ondas, así que espero "ir hacia atrás" en algún punto. Pero el simple hecho de haber oscilado hasta estos parajes ya me dará una nueva perspectiva y su recuerdo una nueva esperanza cuando de nuevo me vea descendiendo al infierno.
Después del brunch en Drumeherum, Adrien se pasó a buscarme y me llevó a su piso para enseñarme un regalo que tenía para mí. Se trataba de un remolque de bicicleta nuevo a estrenar que se había comprado tiempo atrás. Es bonito que le recordara a mí y que me lo regale como estímulo a continuar mis aventuras sobre ruedas. Sobre este tipo de aventuras estuve hablando previamente con Ralph. Él y Katy eran mi pareja favorita de Drumherum. Y digo eran porque han roto. De he hecho a ellos les expliqué mi teoría de las cuatro dimensiones de la relación: apego, sexo, solidaridad y pasión. Ellos se presentaron el uno al otro como la consumación perfecta de esas necesidades. Me parecieron una pareja perfecta... pero ya se sabe, la perfección no es sostenible, básicamente porque la vida es puro equilibrio entre el cielo y la tierra, entre lo inmutable y lo cambiante, entre el paraíso y el infierno.
Llegué a casa justo de fuerzas y deseando ir a dormir, pero contra pronóstico Jessica estaba allí. Su jefe le había devuelto a casa ante su incapacidad para controlar el llanto durante el trabajo. Como siempre la situación era muy tensa. No recuerdo muy bien cómo fue la conversación. Ojalá hubiera escrito a la mañana siguiente. Básicamente le pregunté sobre lo que más le angustiaba, que era su situación presente de estar atrapada en mi casa sin un lugar al que ir. Ni le angustiaba el futuro sin pareja ni le hacía sentir melancolía el recuerdo de lo que habíamos vivido. Para mí eso eran buenas noticias, ojalá pudiera yo decir lo mismo. En otro momento le animé a conectar con la chica recién llegada a Berlín que conocí hace seis meses. Tras un buen rato juntos en el comedor, intercalando conversaciones con largas miradas sostenidas en silencio, se fue a dormir y me invitó a usar la cama. Me acosté con ella y la abracé. Toda la tensión sexual que todavía sentíamos se intentaba abrir paso pero por suerte ella sabe controlar esos impulsos mejor que yo. En un momento de la noche confesó que lo que más le rompía el alma era perderme como amigo. “I don’t even need a boyfriend”. Estas palabras actuaron como un conjuro y automáticamente sentí como desaparecía la separación entre nosotros. Fue reconfortante volver a mirarnos el uno al otro como amigos. Para mí fue como despertar de un sueño de seis meses. Me preguntaba qué miedo inconfesable me condujo a crear una realidad que en el fondo de mí no quería. Me sentía muy feliz, consciente de tener una segunda oportunidad única que otras personas necesitan años para disfrutar. Un privilegio y una maldición como seguro que se verá en las próximas semanas. De todas formas, esta valiente y rápida transición de Jessica me llevó a decirle estas sentidas palabras:
"I admire you. The way you are overcoming your hate towards me and transforming it into something constructive is just impressive".
Estas son palabras que me puedo repetir a mí mismo cada vez que consiga que mi frustración no me paralice.






No activity yet