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Estoy satisfecho por el mural con el que he decorado mi lavabo, elaborado con las imágenes del calendario del Berlín Porn Film Festival. Siendo los lavabos el lugar de la vergüenza me parece de lo más apropiado que ese sea el lugar donde mi collage de imágenes sexuales resida. Estoy invirtiendo mucho tiempo en adecentar y decorar mi piso. A medida que lo hago siento que mi ego se expande y pasa a residir también en las paredes de mi vivienda. Ciertamente estoy construyendo un muro, una celda, un refugio. A veces pienso en los vagabundos como seres especialmente libres. Si su estado nómada es voluntario y vivido con alegría, entonces tienen un muro menos que el común de las personas: el muro de la vivienda, símbolo por antonomasia de la propiedad privada. Es por ello que los viajes y festivales sientan tan bien a las personas que habitualmente viven encerradas: durante unos días eres vagabundo puedes expandir tu yo liberándolo de las condiciones de contorno habituales. Es por ello que el peregrinaje está tan arraigado en la humanidad como experiencia religiosa.
En todo caso, la satisfacción por el mural es simplemente un oasis en el desierto, un rayo de luz penetrando en lo más profundo de la caverna, cortando la oscuridad en dos, venciendo las tinieblas aunque sea durante un suspiro. Noto en mi cuerpo la falta de la medicación, noto como mis sentimientos son más inestables, como transiciono del llanto al baile y de la paz a la angustia. Recuerdo haber dejado los antidepresivos de manera premeditada y consciente en otras dos ocasiones: en invierno del 2012 y primavera del 2015. Ambas veces la motivación fue "vencer al Opus Dei". Lo tomé como una batalla en la que lucharía por demostrar que había conquistado mi vida, que nada de aquella época podía seguir limitándome. No conseguirlo supuso experimentar la derrota, hacer patente mi condición de esclavo. Esta vez es diferente. No tengo miedo al dolor, quiero experimentarlo. Dejar la medicación es un experimento. Tengo una enorme curiosidad por conocer mi avatar libre de la venlafaxina. Volver a la medicación no sería una derrota sino simplemente el final del experimento. Igualmente tengo la intuición de que no querré parar la experimentación, pero si hubiera de hacerlo no supondría ningún problema. Al final mi avatar ha de vivir en la ilusión espacio-temporal que comparte con los otros avatares y el reto en ocasiones puede ser tan abrumador que el suplemento químico sea simplemente un mal menor.
Mientras escribía estas líneas una mujer de unos treinta años y aspecto mediterráneo se ha sentado en mi mesa. Su nombre es Lerna Babikyan. Me ha agradecido que estuviera escribiendo porque le ha inspirado a hacer lo mismo y le ha sentado bien. Hemos estado hablando por unos minutos y cuando se ha ido me he sentido profundamente impactado. Acostumbro a mendigar atención y a interrumpir el natural transcurso de la vida de las mujeres para hacerles notar mi presencia, esta ocasión simplemente me he sentado y no he hecho ningún esfuerzo. Como soy una persona profundamente sexual y al ser Lerna de género femenino, no he tardado en considerarla como potencial amistad sexual. Por un momento he pensado en tomar la iniciativa, en pedirle el contacto y ver a dónde lleva. Pero finalmente he desistido aceptando la belleza del momento presente, la colisión fortuita en el espacio y el tiempo de dos personas. Lerna se tenía que ir y ha sido ella la que me ha dejado su tarjeta. Automáticamente he pensado en dos cosas. La primera en el proyecto del "seductor lesbiano" ya que este podría ser un ejemplo de "conseguir un contacto" mediante una metodología totalmente opuesta a la que propuso Paul Janka. Es básicamente la estrategia reproductiva de la "fresa" en contraposición a la del "diente de león". Una inversión energética en un único fruto apetecible que espera ser devorado en vez de una inversión energética en miles de semillas que vuelan aleatoriamente con la esperanza de caer, al menos una de ellas, en tierra fértil. Siento que debo ejecutar ese libro. La segunda cosa que he considerado es que debería recuperar los "smoking papers" de Mauerfall porque son un ejercicio creativo divertido y sirven a su vez como tarjeta de presentación.
De la conversación con Lerna lo que más me ha gustado es desarrollar la idea de la escritura como medio de contemplación. La he puesto en un smoking paper y estoy aterrorizado ante la idea de dárselo a la chica que estaba escribiendo delante de mí. Es curioso este miedo que siente el avatar. Es el miedo al rechazo. En el fondo la chica me parece bella y atractiva y el hecho de que me rechazara me provocaría dolor. Todo es pura anticipación en mi mente. Todo nace del ego y de su agenda de intereses. Si analizamos el acto en sí (darle un papel con unas palabras y un dibujo a otro ser humano) no tiene absolutamente nada de vergonzante, al contrario. Son mis intenciones ocultas, mi ego utilizando la creatividad como herramienta de validación social, lo que me hace tener miedo. Ese miedo no se tiene que superar pensando en la posible recompensa (los favores de la chica) sino desmascarando las intenciones ocultas y aniquilando toda expectativa. Solo cuando convertimos un acto interesado en una pura expresión de amor podemos sentir la libertad interior y la paz, porque absolutamente nada puede salir mal. La total honestidad es el único antídoto para la agitación interior.
Al final me he levantado y se lo he dado. He intentado ser lo mas escueto posible. No tenemos ningún derecho a robar el tiempo de los demás. Mutuo consentimiento aplica desde la primera interacción, no cuando hay que hablar de sexo. El sexo empieza en la primera mirada. Incluso esa primera mirada debe ser mutuamente consentida. Pararse a mirar a una mujer forma parte del “rape culture”, es su semilla, su manifestación primigenia. A todo esto, el smoking paper decía lo siguiente:
Words have lower frequency than images.
When we write we make time go slower, because we take time to put one image into words.
Taking time to observe one image is contemplation.
Contemplation is the basic activity of the spiritual person.
El lunes pasado, mientras escribía junto a Pauline en Ora, me llegó el teaser del documental. Me asusté. Pauline y yo fuimos a cenar y le pedí que me acompañara a casa para verlo juntos. No hubiera podido verlo yo solo. Lo vimos y le invité a tomar una infusión conmigo. Nos abrazamos hasta que caímos dormidos más allá de las cuatro de la mañana. Habíamos tomando té verde para cenar. Eso y la pasión con la que nos dedicamos a explorar los cuerpos de uno y otro fue lo que nos mantuvo despiertos.
La chica del “smoking paper” se ha ido sin despedirse. Hay una parte de mí que está triste, pero es mucho más pequeña que la parte de mí que está llena de esperanza.




Estoy satisfecho por el mural con el que he decorado mi lavabo, elaborado con las imágenes del calendario del Berlín Porn Film Festival. Siendo los lavabos el lugar de la vergüenza me parece de lo más apropiado que ese sea el lugar donde mi collage de imágenes sexuales resida. Estoy invirtiendo mucho tiempo en adecentar y decorar mi piso. A medida que lo hago siento que mi ego se expande y pasa a residir también en las paredes de mi vivienda. Ciertamente estoy construyendo un muro, una celda, un refugio. A veces pienso en los vagabundos como seres especialmente libres. Si su estado nómada es voluntario y vivido con alegría, entonces tienen un muro menos que el común de las personas: el muro de la vivienda, símbolo por antonomasia de la propiedad privada. Es por ello que los viajes y festivales sientan tan bien a las personas que habitualmente viven encerradas: durante unos días eres vagabundo puedes expandir tu yo liberándolo de las condiciones de contorno habituales. Es por ello que el peregrinaje está tan arraigado en la humanidad como experiencia religiosa.
En todo caso, la satisfacción por el mural es simplemente un oasis en el desierto, un rayo de luz penetrando en lo más profundo de la caverna, cortando la oscuridad en dos, venciendo las tinieblas aunque sea durante un suspiro. Noto en mi cuerpo la falta de la medicación, noto como mis sentimientos son más inestables, como transiciono del llanto al baile y de la paz a la angustia. Recuerdo haber dejado los antidepresivos de manera premeditada y consciente en otras dos ocasiones: en invierno del 2012 y primavera del 2015. Ambas veces la motivación fue "vencer al Opus Dei". Lo tomé como una batalla en la que lucharía por demostrar que había conquistado mi vida, que nada de aquella época podía seguir limitándome. No conseguirlo supuso experimentar la derrota, hacer patente mi condición de esclavo. Esta vez es diferente. No tengo miedo al dolor, quiero experimentarlo. Dejar la medicación es un experimento. Tengo una enorme curiosidad por conocer mi avatar libre de la venlafaxina. Volver a la medicación no sería una derrota sino simplemente el final del experimento. Igualmente tengo la intuición de que no querré parar la experimentación, pero si hubiera de hacerlo no supondría ningún problema. Al final mi avatar ha de vivir en la ilusión espacio-temporal que comparte con los otros avatares y el reto en ocasiones puede ser tan abrumador que el suplemento químico sea simplemente un mal menor.
Mientras escribía estas líneas una mujer de unos treinta años y aspecto mediterráneo se ha sentado en mi mesa. Su nombre es Lerna Babikyan. Me ha agradecido que estuviera escribiendo porque le ha inspirado a hacer lo mismo y le ha sentado bien. Hemos estado hablando por unos minutos y cuando se ha ido me he sentido profundamente impactado. Acostumbro a mendigar atención y a interrumpir el natural transcurso de la vida de las mujeres para hacerles notar mi presencia, esta ocasión simplemente me he sentado y no he hecho ningún esfuerzo. Como soy una persona profundamente sexual y al ser Lerna de género femenino, no he tardado en considerarla como potencial amistad sexual. Por un momento he pensado en tomar la iniciativa, en pedirle el contacto y ver a dónde lleva. Pero finalmente he desistido aceptando la belleza del momento presente, la colisión fortuita en el espacio y el tiempo de dos personas. Lerna se tenía que ir y ha sido ella la que me ha dejado su tarjeta. Automáticamente he pensado en dos cosas. La primera en el proyecto del "seductor lesbiano" ya que este podría ser un ejemplo de "conseguir un contacto" mediante una metodología totalmente opuesta a la que propuso Paul Janka. Es básicamente la estrategia reproductiva de la "fresa" en contraposición a la del "diente de león". Una inversión energética en un único fruto apetecible que espera ser devorado en vez de una inversión energética en miles de semillas que vuelan aleatoriamente con la esperanza de caer, al menos una de ellas, en tierra fértil. Siento que debo ejecutar ese libro. La segunda cosa que he considerado es que debería recuperar los "smoking papers" de Mauerfall porque son un ejercicio creativo divertido y sirven a su vez como tarjeta de presentación.
De la conversación con Lerna lo que más me ha gustado es desarrollar la idea de la escritura como medio de contemplación. La he puesto en un smoking paper y estoy aterrorizado ante la idea de dárselo a la chica que estaba escribiendo delante de mí. Es curioso este miedo que siente el avatar. Es el miedo al rechazo. En el fondo la chica me parece bella y atractiva y el hecho de que me rechazara me provocaría dolor. Todo es pura anticipación en mi mente. Todo nace del ego y de su agenda de intereses. Si analizamos el acto en sí (darle un papel con unas palabras y un dibujo a otro ser humano) no tiene absolutamente nada de vergonzante, al contrario. Son mis intenciones ocultas, mi ego utilizando la creatividad como herramienta de validación social, lo que me hace tener miedo. Ese miedo no se tiene que superar pensando en la posible recompensa (los favores de la chica) sino desmascarando las intenciones ocultas y aniquilando toda expectativa. Solo cuando convertimos un acto interesado en una pura expresión de amor podemos sentir la libertad interior y la paz, porque absolutamente nada puede salir mal. La total honestidad es el único antídoto para la agitación interior.
Al final me he levantado y se lo he dado. He intentado ser lo mas escueto posible. No tenemos ningún derecho a robar el tiempo de los demás. Mutuo consentimiento aplica desde la primera interacción, no cuando hay que hablar de sexo. El sexo empieza en la primera mirada. Incluso esa primera mirada debe ser mutuamente consentida. Pararse a mirar a una mujer forma parte del “rape culture”, es su semilla, su manifestación primigenia. A todo esto, el smoking paper decía lo siguiente:
Words have lower frequency than images.
When we write we make time go slower, because we take time to put one image into words.
Taking time to observe one image is contemplation.
Contemplation is the basic activity of the spiritual person.
El lunes pasado, mientras escribía junto a Pauline en Ora, me llegó el teaser del documental. Me asusté. Pauline y yo fuimos a cenar y le pedí que me acompañara a casa para verlo juntos. No hubiera podido verlo yo solo. Lo vimos y le invité a tomar una infusión conmigo. Nos abrazamos hasta que caímos dormidos más allá de las cuatro de la mañana. Habíamos tomando té verde para cenar. Eso y la pasión con la que nos dedicamos a explorar los cuerpos de uno y otro fue lo que nos mantuvo despiertos.
La chica del “smoking paper” se ha ido sin despedirse. Hay una parte de mí que está triste, pero es mucho más pequeña que la parte de mí que está llena de esperanza.




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