
Subscribe to La vida de Mauerfall

Subscribe to La vida de Mauerfall
Share Dialog
Share Dialog
<100 subscribers
<100 subscribers
Esta madrugada ha sido el bautismo de Mauerfall. Después de unos minutos en la sauna KitKat club con Momo como maestra de ceremonias, me zambullí en la helada piscina con la intención de sellar un pacto conmigo mismo y pasar página definitivamente al "problema" de Jesucristo. Antes de entrar en la sauna tenía un fuerte dolor de cabeza y toda la intensidad de la última cena todavía pesando sobre mis hombros e invadiendo todas mis palabras, pensamientos, obras y sentimientos. Cuando salí del agua sentí que podía dejar eso atrás y deslizarme por el club simplemente escuchando la música, contemplando la escena y abandonándome completamente a lo que el destino me quisiera ofrecer. Dejar que la música martillease mis pensamientos, bloqueara mis palabras, modulara mis sentimientos y dirigiera mis acciones. Ese fue mi centro de gravedad, el lugar seguro donde podía regresar siempre que mi ego, en cualquiera de sus ocho modalidades, quisiera hacer acto de presencia.
Justo cuando estaba escribiendo Jenn se ha sentado a mi lado y me ha hablado con ella durante una hora. Cuando he acabado Pauline me ha escrito y ya está esperándome en la puerta. Mañana tengo que acabar de pintar, trabajar, vaciar la habitación de Jack, ir a una conferencia... Es como si el Universo no quisiera que me siente y me escriba... O como si estuviera sembrando mi vida de excusas para no sentarme y escribir 🙂

Esta madrugada ha sido el bautismo de Mauerfall. Después de unos minutos en la sauna KitKat club con Momo como maestra de ceremonias, me zambullí en la helada piscina con la intención de sellar un pacto conmigo mismo y pasar página definitivamente al "problema" de Jesucristo. Antes de entrar en la sauna tenía un fuerte dolor de cabeza y toda la intensidad de la última cena todavía pesando sobre mis hombros e invadiendo todas mis palabras, pensamientos, obras y sentimientos. Cuando salí del agua sentí que podía dejar eso atrás y deslizarme por el club simplemente escuchando la música, contemplando la escena y abandonándome completamente a lo que el destino me quisiera ofrecer. Dejar que la música martillease mis pensamientos, bloqueara mis palabras, modulara mis sentimientos y dirigiera mis acciones. Ese fue mi centro de gravedad, el lugar seguro donde podía regresar siempre que mi ego, en cualquiera de sus ocho modalidades, quisiera hacer acto de presencia.
Justo cuando estaba escribiendo Jenn se ha sentado a mi lado y me ha hablado con ella durante una hora. Cuando he acabado Pauline me ha escrito y ya está esperándome en la puerta. Mañana tengo que acabar de pintar, trabajar, vaciar la habitación de Jack, ir a una conferencia... Es como si el Universo no quisiera que me siente y me escriba... O como si estuviera sembrando mi vida de excusas para no sentarme y escribir 🙂

No activity yet