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Entre el 21 y el 25 de diciembre en Ámsterdam, algo nuevo ha nacido en mí. De la mano de María se encarnó en mí una palabra que debería ser luz de las Naciones y fuente de paz para los corazones atribulados. Estaba tan aterrorizado que tuve que tomar una benzodiazepina porque sentía que mi corazón iba a estallar. Estaba afrontando el mayor de mis miedos y a la vez, cometiendo la mayor de las traiciones. Lo que María daba a luz era la rotura del muro (mauerfall) y el asesino de su hijo (Judas). Temía tanto por mi vida que sin el diazepam hubiera muerto. Gracias a la combinación de ambas drogas pude escribir durante un par de horas unas notas que eran mi mensaje a la humanidad. Se trataba de unas octavillas en blanco mezcladas con otras que había escrito en el Boom Festival. Separé unas de otras como el que separa las cartas de la baraja y comencé por transcribir lo más fielmente posible todas las locuras que pasaban por mi cabeza. Cuando me sentía ansioso por ser Judas, por mi judaísmo, entonces me recordaba a mí mismo que simplemente soy un niño jugando con historias, palabras y números. Soy un simple Don Quijote que todo el mundo tomará por loco. Soy una persona al borde del suicidio que simplemente elige la magia como forma de supervivencia. Esta es la historia de un mago cuyo truco fue reordenar las casualidades de su vida de manera que surgiera una historia que le provocara la suficiente curiosidad como para no apretar el gatillo.
Una vez todas mis octavillas se completaron, las ordené cronológicamente y las fotografié. Pero al acabar se me antojó coger la siguiente octavilla de la colección de notas del Boom y fotografiarla a continuación. Y así fui cogiendo un naipe tras otro de la baraja, añadiendo anotaciones y maravillándome por la preciosa historia que la coincidencia estaba organizando. Fue una experiencia inolvidable: el juego de cartas más divertido de mi vida. Solo dos horas antes estaba completamente desorientado, sin rumbo. Ahora había experimentado que la realidad nos está ofreciendo constantemente oportunidades para jugar. La vida es un juego de pistas, una colección infinita de ómens que te permiten elegir tu propia aventura. Esa es la vida nueva que ha nacido en mí, Ese es el cambio de juego. Esa es la vida de F: JUGAR.
En el principio yo era yo. Yo soy el que soy.
(Dibujo de un círculo)
Cuando me di cuenta de que iba a morir yo dejé de ser uno para ser dos, el que era y el que seré.
(Dibujo de un círculo dividido en dos)
Pero esta división nunca puede ser pura, porque en el yo que era hay una parte del yo que seré y en el yo que seré hay una parte del yo que era.
(Dibujo de un círculo con una parte sombreada y una línea curva dentro, similar al símbolo del yin y yang)
Y mientras esa división exista, no puedo ser yo. Hay que romper ese muro (mauerfall) para volverse al estadio en el que yo soy el que soy. Ese es el retorno a la inocencia.
(Dibujo de un círculo completamente sombreado)
En el principio, cuando yo era yo, jugaba conmigo mismo y jugaba con mis amigos,
Hasta que mis juegos me llevaron hasta el miedo, hasta que mis juegos con los demás me llevaron hasta el miedo. Esa fue mi expulsión del paraíso, el inicio del trauma, el descubrimiento del tiempo, mi descubrimiento de matrix.
Mientras era inocente y jugaba conmigo mismo sentía ALEGRÍA. Mientras era inocente y jugaba con mis amigos sentía AMOR. Cuando jugando descubrí la muerte sentí DOLOR. Cuando jugando con mis amigos descubrí la muerte sentí el MIEDO a que me pudieran matar.
Cuando sentí el miedo y el dolor y fui incapaz de contenerlo en mí mismo, tuve que utilizar mi imaginación para inventarme un concepto que me protegiera. Ese concepto era yo mismo, pero cuanto más olvidara que es mi propia creación, más efectivo sería. No podía recordar que yo mismo lo había inventado así que empezó mi búsqueda de pruebas históricas que demostraran que él siempre había estado allí y "ómens" que me garantizaran que él estaría allí en el momento en que se produjeran mis miedos y, especialmente, el mayor de ellos: mi muerte. Ese concepto es lo que llamamos "el elegido", "el mesías", "el alma gemela". Pero es simplemente una verbalización de tu inocencia, es tu primera palabra: mamá/papá. El verbo de Dios (tú) se hace carne en forma de tus padres. Cuando descubres que tus padres mueren, que no son el mesías que puede salvarte, o bien te unes al pueblo de los que sufren esperando al mesías, a su alma gemela, a su libertador, o bien te unes al pueblo de los que calman su ansiedad autoconvenciéndose de que ya lo han encontrado.



Entre el 21 y el 25 de diciembre en Ámsterdam, algo nuevo ha nacido en mí. De la mano de María se encarnó en mí una palabra que debería ser luz de las Naciones y fuente de paz para los corazones atribulados. Estaba tan aterrorizado que tuve que tomar una benzodiazepina porque sentía que mi corazón iba a estallar. Estaba afrontando el mayor de mis miedos y a la vez, cometiendo la mayor de las traiciones. Lo que María daba a luz era la rotura del muro (mauerfall) y el asesino de su hijo (Judas). Temía tanto por mi vida que sin el diazepam hubiera muerto. Gracias a la combinación de ambas drogas pude escribir durante un par de horas unas notas que eran mi mensaje a la humanidad. Se trataba de unas octavillas en blanco mezcladas con otras que había escrito en el Boom Festival. Separé unas de otras como el que separa las cartas de la baraja y comencé por transcribir lo más fielmente posible todas las locuras que pasaban por mi cabeza. Cuando me sentía ansioso por ser Judas, por mi judaísmo, entonces me recordaba a mí mismo que simplemente soy un niño jugando con historias, palabras y números. Soy un simple Don Quijote que todo el mundo tomará por loco. Soy una persona al borde del suicidio que simplemente elige la magia como forma de supervivencia. Esta es la historia de un mago cuyo truco fue reordenar las casualidades de su vida de manera que surgiera una historia que le provocara la suficiente curiosidad como para no apretar el gatillo.
Una vez todas mis octavillas se completaron, las ordené cronológicamente y las fotografié. Pero al acabar se me antojó coger la siguiente octavilla de la colección de notas del Boom y fotografiarla a continuación. Y así fui cogiendo un naipe tras otro de la baraja, añadiendo anotaciones y maravillándome por la preciosa historia que la coincidencia estaba organizando. Fue una experiencia inolvidable: el juego de cartas más divertido de mi vida. Solo dos horas antes estaba completamente desorientado, sin rumbo. Ahora había experimentado que la realidad nos está ofreciendo constantemente oportunidades para jugar. La vida es un juego de pistas, una colección infinita de ómens que te permiten elegir tu propia aventura. Esa es la vida nueva que ha nacido en mí, Ese es el cambio de juego. Esa es la vida de F: JUGAR.
En el principio yo era yo. Yo soy el que soy.
(Dibujo de un círculo)
Cuando me di cuenta de que iba a morir yo dejé de ser uno para ser dos, el que era y el que seré.
(Dibujo de un círculo dividido en dos)
Pero esta división nunca puede ser pura, porque en el yo que era hay una parte del yo que seré y en el yo que seré hay una parte del yo que era.
(Dibujo de un círculo con una parte sombreada y una línea curva dentro, similar al símbolo del yin y yang)
Y mientras esa división exista, no puedo ser yo. Hay que romper ese muro (mauerfall) para volverse al estadio en el que yo soy el que soy. Ese es el retorno a la inocencia.
(Dibujo de un círculo completamente sombreado)
En el principio, cuando yo era yo, jugaba conmigo mismo y jugaba con mis amigos,
Hasta que mis juegos me llevaron hasta el miedo, hasta que mis juegos con los demás me llevaron hasta el miedo. Esa fue mi expulsión del paraíso, el inicio del trauma, el descubrimiento del tiempo, mi descubrimiento de matrix.
Mientras era inocente y jugaba conmigo mismo sentía ALEGRÍA. Mientras era inocente y jugaba con mis amigos sentía AMOR. Cuando jugando descubrí la muerte sentí DOLOR. Cuando jugando con mis amigos descubrí la muerte sentí el MIEDO a que me pudieran matar.
Cuando sentí el miedo y el dolor y fui incapaz de contenerlo en mí mismo, tuve que utilizar mi imaginación para inventarme un concepto que me protegiera. Ese concepto era yo mismo, pero cuanto más olvidara que es mi propia creación, más efectivo sería. No podía recordar que yo mismo lo había inventado así que empezó mi búsqueda de pruebas históricas que demostraran que él siempre había estado allí y "ómens" que me garantizaran que él estaría allí en el momento en que se produjeran mis miedos y, especialmente, el mayor de ellos: mi muerte. Ese concepto es lo que llamamos "el elegido", "el mesías", "el alma gemela". Pero es simplemente una verbalización de tu inocencia, es tu primera palabra: mamá/papá. El verbo de Dios (tú) se hace carne en forma de tus padres. Cuando descubres que tus padres mueren, que no son el mesías que puede salvarte, o bien te unes al pueblo de los que sufren esperando al mesías, a su alma gemela, a su libertador, o bien te unes al pueblo de los que calman su ansiedad autoconvenciéndose de que ya lo han encontrado.



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