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Ayer conseguí de nuevo hacer mis pruebas. He dormido mejor y estoy ligeramente más animado. Pronto me encontraré suficientemente bien como para olvidarme de los propósitos, pero me encantaría tener un nivel de consciencia sobre mi problema que me permitiera mantener la coherencia durante un tiempo tan largo como sea posible.
Antes de irme a dormir se me ocurrió que tras una semana de esfuerzo por sobrevivir estaría bien darse un premio. Me puse a pensar qué cosas me hacían ilusión y solo pude pensar en pizza. Al rato pensé que me haría ilusión ver una película y finalmente tras un cuarto de hora de tratar de conectar con mis apetencias, descubrí que me apetecía coger un tren e ir a Postdam. Es increíble el nivel de desconexión con las cosas que me hacen ilusión.
A veces pienso que nada me hace ilusión porque básicamente no estoy renunciando a nada. Mi vida es tan plácida que es dolorosa. Mi continua obsesión por escapar del dolor y del compromiso hacen que contraiga el compromiso esclavizante de huir a toda costa. Me puse a correr para escapar del dolor y ahora me duelen tanto las piernas que el dolor me persigue a todas partes. Algunas personas tienen miedo de parar su actividad frenética y quedarse a solas con sus miedos. Yo tengo miedo de ponerme en marcha y perder el control sobre mis demonios.
"Se refugia en el trabajo para no afrontar su realidad" se diría de unos... "Se refugia en su realidad para no afrontar su trabajo" se podría decir de mí. Jesucristo se propone salvar el mundo y queda tan identificado por su misión que acaba dando la vida por ello. Buddha se abstiene de todo propósito para salvarse a sí mismo y acaba no haciendo nada más que sentarse y sonreír. Si tengo que elegir entre una y otra, elijo sentarme y sonreír para descansar después de salvar el mundo, que es lo mismo que salvarme a mí. La realidad del ser humano es un balance entre la construcción y la contemplación. Construye sin contemplaciones y siente el vacío de una vida sin propósito; contempla sin ejecutar nada y siente el vacío de una vida sin maestría, el drama de un artesano sin herramientas. Contempla hasta imaginar un propósito, ejecuta hasta adquirir maestría: ese es el camino para disfrutar de una vida autónoma. Solo desde la autonomía se puede amar, porque el amor es un acto gratuito y desinteresado. El dependiente no puede amar, porque su supuesto amor solo es una moneda virtual con la que espera comprar aquello que necesita: soporte emocional, afecto y sexo, ayuda material o compartir su pasión o vocación. Vive la pobreza de espíritu y disminuirá tu dependencia material, vive la libertad sexual y disminuirá tu dependencia sexual, vive la obediencia a tu verdad interior y disminuirá tu dependencia emocional, desarrolla tu creatividad y disminuirá tu dependencia vocacional.
La pobreza nos induce miedo a la muerte. La ansiedad del pobre es su preocupación por subsistir. La ansiedad del rico es su preocupación por el destino de sus bienes.
La dependencia sexual nos induce vergüenza. La ansiedad del casto es conseguir expresarse dados sus exigentes estándares. La ansiedad del promiscuo es conseguir víctimas para su lujuria. Miedo al juicio de los demás sobre nuestras intenciones.
La dependencia moral nos induce miedo a nuestra mente, el miedo al juicio de los demás sobre nuestros pensamientos. La ansiedad del obediente es conseguir tener iniciativa propia dados sus exigentes estándares. La ansiedad del desobediente es conseguir súbditos que le propicien su status.
La dependencia vocacional nos induce miedo a nuestro poder creativo, a nuestra divinidad que reside en nosotros. La ansiedad del discípulo es ver como su vida se consume al servicio de la obra de otro. La ansiedad del mesías es conseguir discípulos que hagan que su obra sea realidad.
Vale, ya he dejado mi mente divagar por un rato. Todavía tengo dudas sobre cómo puedo alinear todos los proyectos en la enorme tarea de provocar el mauerfall de mi miedo.



Ayer conseguí de nuevo hacer mis pruebas. He dormido mejor y estoy ligeramente más animado. Pronto me encontraré suficientemente bien como para olvidarme de los propósitos, pero me encantaría tener un nivel de consciencia sobre mi problema que me permitiera mantener la coherencia durante un tiempo tan largo como sea posible.
Antes de irme a dormir se me ocurrió que tras una semana de esfuerzo por sobrevivir estaría bien darse un premio. Me puse a pensar qué cosas me hacían ilusión y solo pude pensar en pizza. Al rato pensé que me haría ilusión ver una película y finalmente tras un cuarto de hora de tratar de conectar con mis apetencias, descubrí que me apetecía coger un tren e ir a Postdam. Es increíble el nivel de desconexión con las cosas que me hacen ilusión.
A veces pienso que nada me hace ilusión porque básicamente no estoy renunciando a nada. Mi vida es tan plácida que es dolorosa. Mi continua obsesión por escapar del dolor y del compromiso hacen que contraiga el compromiso esclavizante de huir a toda costa. Me puse a correr para escapar del dolor y ahora me duelen tanto las piernas que el dolor me persigue a todas partes. Algunas personas tienen miedo de parar su actividad frenética y quedarse a solas con sus miedos. Yo tengo miedo de ponerme en marcha y perder el control sobre mis demonios.
"Se refugia en el trabajo para no afrontar su realidad" se diría de unos... "Se refugia en su realidad para no afrontar su trabajo" se podría decir de mí. Jesucristo se propone salvar el mundo y queda tan identificado por su misión que acaba dando la vida por ello. Buddha se abstiene de todo propósito para salvarse a sí mismo y acaba no haciendo nada más que sentarse y sonreír. Si tengo que elegir entre una y otra, elijo sentarme y sonreír para descansar después de salvar el mundo, que es lo mismo que salvarme a mí. La realidad del ser humano es un balance entre la construcción y la contemplación. Construye sin contemplaciones y siente el vacío de una vida sin propósito; contempla sin ejecutar nada y siente el vacío de una vida sin maestría, el drama de un artesano sin herramientas. Contempla hasta imaginar un propósito, ejecuta hasta adquirir maestría: ese es el camino para disfrutar de una vida autónoma. Solo desde la autonomía se puede amar, porque el amor es un acto gratuito y desinteresado. El dependiente no puede amar, porque su supuesto amor solo es una moneda virtual con la que espera comprar aquello que necesita: soporte emocional, afecto y sexo, ayuda material o compartir su pasión o vocación. Vive la pobreza de espíritu y disminuirá tu dependencia material, vive la libertad sexual y disminuirá tu dependencia sexual, vive la obediencia a tu verdad interior y disminuirá tu dependencia emocional, desarrolla tu creatividad y disminuirá tu dependencia vocacional.
La pobreza nos induce miedo a la muerte. La ansiedad del pobre es su preocupación por subsistir. La ansiedad del rico es su preocupación por el destino de sus bienes.
La dependencia sexual nos induce vergüenza. La ansiedad del casto es conseguir expresarse dados sus exigentes estándares. La ansiedad del promiscuo es conseguir víctimas para su lujuria. Miedo al juicio de los demás sobre nuestras intenciones.
La dependencia moral nos induce miedo a nuestra mente, el miedo al juicio de los demás sobre nuestros pensamientos. La ansiedad del obediente es conseguir tener iniciativa propia dados sus exigentes estándares. La ansiedad del desobediente es conseguir súbditos que le propicien su status.
La dependencia vocacional nos induce miedo a nuestro poder creativo, a nuestra divinidad que reside en nosotros. La ansiedad del discípulo es ver como su vida se consume al servicio de la obra de otro. La ansiedad del mesías es conseguir discípulos que hagan que su obra sea realidad.
Vale, ya he dejado mi mente divagar por un rato. Todavía tengo dudas sobre cómo puedo alinear todos los proyectos en la enorme tarea de provocar el mauerfall de mi miedo.



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