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Los últimos días me ha costado abrir la libreta a causa de ponerme una excesiva presión. El viernes por la noche fui a un concierto al que me invitó Pauline y allí conocí a Clemens y a sus tres hermanos. Fumé solo un par de caladas de un porro pero eso fue suficiente para devolverme a un estado neurótico y resucitar los fantasmas mesiánicos. Necesito estar mucho más "anclado" a mi nueva percepción del mundo antes de ponerla a prueba con las drogas. A veces me siento como en un estado continuo de "alucinación". Es como si mi mente estuviera drogada de manera natural.
Mi encuentro con los hermanos Möckel se puede explicar utilizando tres mitologías distintas. Era la noche de la Epifanía por lo que bien podría encajar en el mito de los tres Reyes Magos visitando al cuarto Rey con forma de recién nacido. Cada Rey traía una enseñanza simbolizada en un regalo: oro, incienso y mirra. A esto se suma Adam, ese personaje que en aquel entorno de libertad de expresión de los propios sentimientos estaba preocupado por sacar algo de provecho que le permitiera pagar sus facturas.
El otro mito era el de los palos de la baraja (el tarot), siendo cada uno de los hermanos uno de los símbolos: el baterísta, sin nombre, es "bastos". Es la vida, la expresión pura de vitalidad simbolizada en su entrega completa, extática, al ritmo. Es la sonrisa, la inocencia. Tiene la energía de la naturaleza, de lo que está en nosotros antes de que el ego aparezca. Por eso no tiene nombre. Félix es oros. De los cuatro es el que tiene el mejor trabajo, pero eso no le hace feliz y está preparándose para un viaje iniciático que le llevará a descubrir lo que hay más allá de los símbolos que esta sociedad persigue. Clemens es espadas. De los cuatro es el que más se preocupa por la otra ilusión compartida de la sociedad, que es la verdad. Está en un viaje epistemológico que le llevará a descubrir que la verdad es una ilusión compartida y que, por tanto, cualquier esfuerzo por conocer la verdad es un esfuerzo por conocer qué convicciones compartimos los humanos de manera generalizada. Es un esfuerzo titánico, heroico. La espada simboliza su lucha por cortar la superficialidad para intentar llegar a la esencia al precio que sea. ¿Qué le quedará en la mano después de la poda? Quizás lo único que pueda afirmar al final es que "yo soy el que soy". Ese será su descubrimiento de Dios. Por último Robert es corazones/copas. Es el símbolo de la comunión. Su esfuerzo por ayudar a los demás y por construir una saludable relación de pareja ¿dónde acabará? Es el viaje de la caridad que acaba el día que descubrimos que nos amamos a nosotros mismos en los demás. Todo el amor, la solidaridad, la compasión es una sublimación de nuestro amor por nosotros mismos. Sólo amamos lo que conocemos y solo nos conocemos nosotros mismos. Nos "reconocemos" en los demás y eso nos hace amarlos... Pero al final de este viaje espera la toma de consciencia de que lo que realmente amamos es una idea de la otra persona, de la humanidad.
El último mito que se me ocurrió fueron los Beatles. Johannes es Ringo. No solo porque es el batería, sino porque mantiene a los otros tres unidos, los congrega, les marca el ritmo sobre el que cada uno de ellos despliega su melodía. Félix es Paul... Él es la candidez que puede ser confundida con inmadurez. Es el esfuerzo continuo por apreciar las cosas buenas que la vida tiene que ofrecernos. Paul escribe para sí mismo igual que Félix viaja para autodescubrirse. Clemens es George, la entrega absoluta al ideal espiritual, al conocimiento de la verdad que se esconde en nuestras mentes y en nuestros corazones. George es la convicción de que una idea, una revelación, puede cambiar el mundo. Robert es Lennon. Se entienden a sí mismo en relación a los demás, como humanidad o como relación de pareja. Es la entrega al cambio social, a la bondad que se encuentra en cada ser humano. John es la convicción de que el liderazgo de una persona puede cambiar el mundo.
Me sentí tan impresionado de este tonto ejercicio de "ómens patateros" que sentí que no me lo podía quedar para mí mismo. Vi que era bello y merecía ser cantado por Paul, era oro que los demás estaban esperando. Vi que era verdadero y merecía ser cantado por George: una espada que para ayudar a la humanidad a podar sus viejos mitos y liberarse de ellos. Era puro incienso para transportar las mentes a un nuevo estado de consciencia. Vi que era bueno y merecía ser cantado por John: una copa de vino que podría embriagar a los humanos y conducirlos a un nuevo orden social, el empujón para atreverse a soñar lo que solo nuestro subconsciente es capaz de soportar. Es la mirra que el soldado necesita para prepararse para la batalla. Tanta trascendencia me paralizó y decidí simplemente abandonar todas estas entelequías y vivir. Vivir la vida que merecía ser cantada por Ringo: los bastos de mi propia naturaleza, de mí mismo como una expresión anónima más de este maravilloso teatro de los sueños al que llamamos Universo. Vivir la vida del bebé, para el cual todo es bello si le hace reír, todo es verdadero si le hace reír, todo es bueno si le hace reír.
Y esa fue la Epifanía de F, darse cuenta de que hay tantos mitos como seres humanos y que todos son válidos siempre y cuando nos ayuden a 1) ntender que lo bello, verdadero y bueno es una ilusión compartida que nos inspira a transformar la realidad y 2) que la vida es la única realidad absoluta e individual que nos provoca construir los muros en los que encerramos nuestra propia imaginación.



Los últimos días me ha costado abrir la libreta a causa de ponerme una excesiva presión. El viernes por la noche fui a un concierto al que me invitó Pauline y allí conocí a Clemens y a sus tres hermanos. Fumé solo un par de caladas de un porro pero eso fue suficiente para devolverme a un estado neurótico y resucitar los fantasmas mesiánicos. Necesito estar mucho más "anclado" a mi nueva percepción del mundo antes de ponerla a prueba con las drogas. A veces me siento como en un estado continuo de "alucinación". Es como si mi mente estuviera drogada de manera natural.
Mi encuentro con los hermanos Möckel se puede explicar utilizando tres mitologías distintas. Era la noche de la Epifanía por lo que bien podría encajar en el mito de los tres Reyes Magos visitando al cuarto Rey con forma de recién nacido. Cada Rey traía una enseñanza simbolizada en un regalo: oro, incienso y mirra. A esto se suma Adam, ese personaje que en aquel entorno de libertad de expresión de los propios sentimientos estaba preocupado por sacar algo de provecho que le permitiera pagar sus facturas.
El otro mito era el de los palos de la baraja (el tarot), siendo cada uno de los hermanos uno de los símbolos: el baterísta, sin nombre, es "bastos". Es la vida, la expresión pura de vitalidad simbolizada en su entrega completa, extática, al ritmo. Es la sonrisa, la inocencia. Tiene la energía de la naturaleza, de lo que está en nosotros antes de que el ego aparezca. Por eso no tiene nombre. Félix es oros. De los cuatro es el que tiene el mejor trabajo, pero eso no le hace feliz y está preparándose para un viaje iniciático que le llevará a descubrir lo que hay más allá de los símbolos que esta sociedad persigue. Clemens es espadas. De los cuatro es el que más se preocupa por la otra ilusión compartida de la sociedad, que es la verdad. Está en un viaje epistemológico que le llevará a descubrir que la verdad es una ilusión compartida y que, por tanto, cualquier esfuerzo por conocer la verdad es un esfuerzo por conocer qué convicciones compartimos los humanos de manera generalizada. Es un esfuerzo titánico, heroico. La espada simboliza su lucha por cortar la superficialidad para intentar llegar a la esencia al precio que sea. ¿Qué le quedará en la mano después de la poda? Quizás lo único que pueda afirmar al final es que "yo soy el que soy". Ese será su descubrimiento de Dios. Por último Robert es corazones/copas. Es el símbolo de la comunión. Su esfuerzo por ayudar a los demás y por construir una saludable relación de pareja ¿dónde acabará? Es el viaje de la caridad que acaba el día que descubrimos que nos amamos a nosotros mismos en los demás. Todo el amor, la solidaridad, la compasión es una sublimación de nuestro amor por nosotros mismos. Sólo amamos lo que conocemos y solo nos conocemos nosotros mismos. Nos "reconocemos" en los demás y eso nos hace amarlos... Pero al final de este viaje espera la toma de consciencia de que lo que realmente amamos es una idea de la otra persona, de la humanidad.
El último mito que se me ocurrió fueron los Beatles. Johannes es Ringo. No solo porque es el batería, sino porque mantiene a los otros tres unidos, los congrega, les marca el ritmo sobre el que cada uno de ellos despliega su melodía. Félix es Paul... Él es la candidez que puede ser confundida con inmadurez. Es el esfuerzo continuo por apreciar las cosas buenas que la vida tiene que ofrecernos. Paul escribe para sí mismo igual que Félix viaja para autodescubrirse. Clemens es George, la entrega absoluta al ideal espiritual, al conocimiento de la verdad que se esconde en nuestras mentes y en nuestros corazones. George es la convicción de que una idea, una revelación, puede cambiar el mundo. Robert es Lennon. Se entienden a sí mismo en relación a los demás, como humanidad o como relación de pareja. Es la entrega al cambio social, a la bondad que se encuentra en cada ser humano. John es la convicción de que el liderazgo de una persona puede cambiar el mundo.
Me sentí tan impresionado de este tonto ejercicio de "ómens patateros" que sentí que no me lo podía quedar para mí mismo. Vi que era bello y merecía ser cantado por Paul, era oro que los demás estaban esperando. Vi que era verdadero y merecía ser cantado por George: una espada que para ayudar a la humanidad a podar sus viejos mitos y liberarse de ellos. Era puro incienso para transportar las mentes a un nuevo estado de consciencia. Vi que era bueno y merecía ser cantado por John: una copa de vino que podría embriagar a los humanos y conducirlos a un nuevo orden social, el empujón para atreverse a soñar lo que solo nuestro subconsciente es capaz de soportar. Es la mirra que el soldado necesita para prepararse para la batalla. Tanta trascendencia me paralizó y decidí simplemente abandonar todas estas entelequías y vivir. Vivir la vida que merecía ser cantada por Ringo: los bastos de mi propia naturaleza, de mí mismo como una expresión anónima más de este maravilloso teatro de los sueños al que llamamos Universo. Vivir la vida del bebé, para el cual todo es bello si le hace reír, todo es verdadero si le hace reír, todo es bueno si le hace reír.
Y esa fue la Epifanía de F, darse cuenta de que hay tantos mitos como seres humanos y que todos son válidos siempre y cuando nos ayuden a 1) ntender que lo bello, verdadero y bueno es una ilusión compartida que nos inspira a transformar la realidad y 2) que la vida es la única realidad absoluta e individual que nos provoca construir los muros en los que encerramos nuestra propia imaginación.



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