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Esta mañana me he despertado pensando en cómo estoy disociando mi personalidad de manera consciente. De una única realidad (soy un individuo más del género homo y de la especie sapiens) creo diferentes realidades virtuales que tienen el potencial de ayudarme a sobrevivir o de provocar mi muerte prematura. Los pájaros tienen alas que les permiten volar, pero un fallo en sus alas a 1000 m de altura provocaría su inexorable muerte. Los homo sapiens tenemos la capacidad de construir realidades virtuales. Podemos no usarlas (igual que el pájaro puede no volar), podemos usarlas para incrementar nuestras posibilidades de sobrevivir (igual que el pájaro escapa del peligro o se desplaza para encontrar comida) y podemos morir a causa de usar nuestra realidad virtual (igual que el pájaro que cae del cielo muere del impacto, una muerte que no podría haberse producido si no tuviera alas). Los pájaros llevan millones de años de selección natural. Las especies torpes que usaron sus alas para volar pero murieron cayendo del cielo tuvieron la oportunidad de reproducirse. Los homo sapiens apenas llevamos 50.000 años aprendiendo a "volar". Igual que los pájaros conquistaron un espacio virgen, el cielo, los humanos sapiens se lanzaron a otro "cielo" que existe solo en sus mentes. La vida que llevamos en ese espacio lleno de símbolos e información nos permite sobrevivir como ningún otro animal. Nos hace el depredador más sanguinario que jamás haya poblado la superficie terrestre. Somos tan inconscientes de ese "superpoder" que constantemente lo confundimos con la "realidad", o mejor dicho, nos olvidamos de que solo existe para ayudarnos a sobrevivir, solo existe como medio, y no como fin. Ningún pájaro vuela como fin en sí mismo. Los pájaros vuelan para escapar del peligro y para generar nuevas oportunidades. Corren el riesgo de desafiar a la gravedad y morir por el impacto a cambio de mayor eficacia en la supervivencia. El transcurso del tiempo dejó a los pájaros que minimizaron el riesgo y maximizaron la eficacia: la selección natural dejó entre nosotros a los pájaros eficientes. Ese es también el destino de la humanidad. Solo los eficientes lograrán sobrevivir. Todos tenemos la capacidad de crear una realidad virtual y de sumarnos a una realidad virtual existente. Esa capacidad es como el vuelo de los pájaros. Podemos crear una realidad virtual llamada moneda y podemos sumarnos a la ilusión colectiva del sistema monetario. Eso nos permite a cada uno tener una casa en la que refugiarnos (escapar del peligro) y alimento (nuevas oportunidades) minimizando el riesgo de la exploración del territorio, defensa de las posesiones, recolección de alimento... Pero ¿qué sucede si olvidamos que estamos volando? El símbolo se convierte en el mayor de los peligros, igual que la altura puede matar al pájaro. De esta manera nos matamos unos a otros a través de la guerra y, más sutilmente, a través de la deuda y el mercado laboral.
Desde los albores de nuestra existencia individual nos abrazamos a los símbolos que creemos que minimizarán lo que nos amenaza y maximizarán lo que nos preserva. De pequeño me obsesionaba la muerte. El inmenso dolor que experimentaba era mayor que el dolor que me provocaban el frío, el hambre y los ataques de otros animales, ya fueran de mi especie o de otra. Para escapar de ese dolor me subí al carro de una fantasía llamada "la máquina del tiempo" que mi madre creó para la ocasión. Con el paso del tiempo, al recordar este episodio con ella, me confesó que ella misma también lo creía firmemente. La fe de mi madre en la ciencia no tenía límites.
Mi madre, al contemplar los prodigios que la ciencia había aportado a su vida hasta la fecha, desarrolló una extraordinaria convicción en que toda aquella realidad virtual creada por el ser humano podría en algún punto solventar uno de sus miedos más arraigados y así me la transmitió. La extraordinaria capacidad de la ciencia para crear historias que explican los hechos pasados y predecir los hechos futuros le otorga credibilidad. Pero "credibilidad" viene de creer, así que en último término estamos "creyendo" en la ciencia, teniendo FE. Reconocemos en la ciencia una energía transformadora de la realidad y la percibimos como algo que puede ayudarnos a calmar el dolor, a sobrevivir, a resolver problemas tan irresolubles como nuestra propia muerte. Esa proyección de la FE en el futuro es lo que llamamos ESPERANZA. La dualidad FE/ESPERANZA se convierte por tanto en un superpoder humano. Igual que el pájaro vuela para escapar del peligro, yo utilicé las alas de la fe y la esperanza para escapar de mi miedo a morir. Lo único que falta en esta ecuación que conjuga pasado y futuro es cómo se actualiza en el momento presente. El presente era mi conversación con mi madre, la transmisión de su "superpoder". Mi madre me hizo descubrir mis alas y me animó a usarlas igual que el pájaro enseña a sus crías a volar del nido. Mi madre hizo aquello movida por su estima hacia mí, porque yo era "caro" para ella. La CARIDAD es lo que le movió a introducirme el mito. Decidió "equiparme" como ser humano con lo mejor que ella había encontrado hasta la fecha. Ese fue el árbol de la sabiduría que escogió (la ciencia) y esa fue la manzana que me hizo morder (la máquina del tiempo). Una vez equipado con la FE, la ESPERANZA y la CARIDAD, ya no hay manera de regresar al paraíso de mi propia inocencia. Tras esa singularidad comienza el tiempo, comienza mi historia, mi éxodo en busca de la tierra prometida en el que mi miedo original desaparece porque la promesa se ha cumplido. Ese es mi big bang, a partir de ese momento empieza la creación de un universo virtual dentro de mí. Cada elemento que me rodea, cada nueva percepción pasa a ser juzgada según esta nueva "tridimensionalidad" llamada FE/ESPERANZA/CARIDAD.
Al conocer mejor el sistema científico a través de la educación se robustecía mi fe, al contemplar cómo la ciencia y la tecnología mejoraban mi vida en mil aspectos se robustecía mi esperanza. Cuando calmaba mi dolor y el dolor de aquellos que consideraba "caros" ejercía la CARIDAD. Al empezar a juzgar la realidad desde estas coordenadas y al hacerlo desde una edad tan temprana es comprensible que acabara confundiendo la "realidad virtual" con la "realidad". Es más, la necesidad de desterrar el miedo a la muerte hacía imposible cualquier tipo de "relativismo". La eficacia de la realidad virtual reside en olvidarse de que es virtual, porque de esa manera se considera que puede combatir un problema "real". Cualquier paciente que tome un placebo necesita creer que está tomando una medicina para que se opere el milagro. Incluso cuando sabemos que un medicamento es un placebo se lo administramos a nuestros seres "caros" porque sabemos del poder de la fe en la ciencia y esperamos que esta vez ese poder actúe de nuevo para curar al que queremos. Creamos esa ilusión movidos por la CARIDAD.
A lo largo de la historia millones de individuos del género homo y de la especie sapiens han consagrado sus vidas a la promoción de la fe, la esperanza y la caridad. Estas personas son "campeones de la realidad virtual". Están tan sumergidos en ella que son capaces de posponer todo tipo de gratificaciones instantáneas a las que tendemos de manera natural a causa de nuestra naturaleza animal. De esta manera, algunos individuos sapiens posponen temporal o indefinidamente su necesidad de gratificación sexual. Toda esa energía reprimida se utiliza en la construcción del mito. Y viceversa, el poder del mito se puede medir en cómo logra que los sapiens repriman su sexualidad. Aquellos que inluenciados por el mito posponen la gratificación sexual se dice que poseen la virtud de la CASTIDAD mientras que aquellos sobre los cuales el mito no es suficientemente influenciador (ni los inspira, ni los asusta lo suficiente) se dice que cometen el vicio de la LUJURIA. Cuando el poder del mito inhibe la gratificación material se dice que los que viven bajo su influencia tienen la virtud de la POBREZA. La fe, esperanza y caridad de estas personas es tan elevada que no se preocupan de garantizar su propia supervivencia, ya que confían plenamente en que el mito les proveerá. De esta manera ni acumulan grasa en su cuerpo, ni dinero en el banco, ni energía para sí mismos. Todo lo entregan a los demás porque el mito los protege (o porque temen al mito). Aquellos que no viven bajo la influencia del mito no posponen su gratificación instantánea y acumulan alimentos comiendo tanto como pueden. Ese es el vicio de la GULA. También acumulan tantas riquezas como pueden en una actitud que se denomina el vicio de la AVARICIA. Por último, los sapiens que viven fuera del mito no colaboran con los otros sapiens, no invierten su energía en los demás, y se les cataloga como entregados al vicio de la PEREZA. El mito también puede ejercer una gran influencia sobre un último tipo de energía: las emociones. Algunas personas altamente influenciadas por el mito desarrollan una total sumisión al mismo que se conoce como la virtud de la OBEDIENCIA. Son individuos capaces de posponer su propia voluntad de poder, su natural ímpetu en ponerse por encima de los demás, en dominar la manada. Cuando el mito no domina al individuo entonces no presta atención a nadie en una actitud que se considera SOBERBIA, no presta bienes a nadie en una actitud que se denomina AVARICIA y por último no prestan su energía a nadie en una actitud que se considera PEREZA.
La soberbia es la gula del ego
La avaricia es la ambición del ego
La ira es la pereza del ego
La tristeza es la lujuria del ego
Me falta todavía una pieza del puzzle para acabar de entender el modelo, pero por el momento este texto lleno de borrones y contradicciones muestra el camino. Lo que más claro tengo es que me gusta más un modelo de 8 pecados capitales porque ahora mismo la lujuria queda huérfana. Siempre han sido 8 hasta que san Gregorio los redujo a siete. Fusionó tristeza y pereza y transformó vanagloria en soberbia y envidia.





Esta mañana me he despertado pensando en cómo estoy disociando mi personalidad de manera consciente. De una única realidad (soy un individuo más del género homo y de la especie sapiens) creo diferentes realidades virtuales que tienen el potencial de ayudarme a sobrevivir o de provocar mi muerte prematura. Los pájaros tienen alas que les permiten volar, pero un fallo en sus alas a 1000 m de altura provocaría su inexorable muerte. Los homo sapiens tenemos la capacidad de construir realidades virtuales. Podemos no usarlas (igual que el pájaro puede no volar), podemos usarlas para incrementar nuestras posibilidades de sobrevivir (igual que el pájaro escapa del peligro o se desplaza para encontrar comida) y podemos morir a causa de usar nuestra realidad virtual (igual que el pájaro que cae del cielo muere del impacto, una muerte que no podría haberse producido si no tuviera alas). Los pájaros llevan millones de años de selección natural. Las especies torpes que usaron sus alas para volar pero murieron cayendo del cielo tuvieron la oportunidad de reproducirse. Los homo sapiens apenas llevamos 50.000 años aprendiendo a "volar". Igual que los pájaros conquistaron un espacio virgen, el cielo, los humanos sapiens se lanzaron a otro "cielo" que existe solo en sus mentes. La vida que llevamos en ese espacio lleno de símbolos e información nos permite sobrevivir como ningún otro animal. Nos hace el depredador más sanguinario que jamás haya poblado la superficie terrestre. Somos tan inconscientes de ese "superpoder" que constantemente lo confundimos con la "realidad", o mejor dicho, nos olvidamos de que solo existe para ayudarnos a sobrevivir, solo existe como medio, y no como fin. Ningún pájaro vuela como fin en sí mismo. Los pájaros vuelan para escapar del peligro y para generar nuevas oportunidades. Corren el riesgo de desafiar a la gravedad y morir por el impacto a cambio de mayor eficacia en la supervivencia. El transcurso del tiempo dejó a los pájaros que minimizaron el riesgo y maximizaron la eficacia: la selección natural dejó entre nosotros a los pájaros eficientes. Ese es también el destino de la humanidad. Solo los eficientes lograrán sobrevivir. Todos tenemos la capacidad de crear una realidad virtual y de sumarnos a una realidad virtual existente. Esa capacidad es como el vuelo de los pájaros. Podemos crear una realidad virtual llamada moneda y podemos sumarnos a la ilusión colectiva del sistema monetario. Eso nos permite a cada uno tener una casa en la que refugiarnos (escapar del peligro) y alimento (nuevas oportunidades) minimizando el riesgo de la exploración del territorio, defensa de las posesiones, recolección de alimento... Pero ¿qué sucede si olvidamos que estamos volando? El símbolo se convierte en el mayor de los peligros, igual que la altura puede matar al pájaro. De esta manera nos matamos unos a otros a través de la guerra y, más sutilmente, a través de la deuda y el mercado laboral.
Desde los albores de nuestra existencia individual nos abrazamos a los símbolos que creemos que minimizarán lo que nos amenaza y maximizarán lo que nos preserva. De pequeño me obsesionaba la muerte. El inmenso dolor que experimentaba era mayor que el dolor que me provocaban el frío, el hambre y los ataques de otros animales, ya fueran de mi especie o de otra. Para escapar de ese dolor me subí al carro de una fantasía llamada "la máquina del tiempo" que mi madre creó para la ocasión. Con el paso del tiempo, al recordar este episodio con ella, me confesó que ella misma también lo creía firmemente. La fe de mi madre en la ciencia no tenía límites.
Mi madre, al contemplar los prodigios que la ciencia había aportado a su vida hasta la fecha, desarrolló una extraordinaria convicción en que toda aquella realidad virtual creada por el ser humano podría en algún punto solventar uno de sus miedos más arraigados y así me la transmitió. La extraordinaria capacidad de la ciencia para crear historias que explican los hechos pasados y predecir los hechos futuros le otorga credibilidad. Pero "credibilidad" viene de creer, así que en último término estamos "creyendo" en la ciencia, teniendo FE. Reconocemos en la ciencia una energía transformadora de la realidad y la percibimos como algo que puede ayudarnos a calmar el dolor, a sobrevivir, a resolver problemas tan irresolubles como nuestra propia muerte. Esa proyección de la FE en el futuro es lo que llamamos ESPERANZA. La dualidad FE/ESPERANZA se convierte por tanto en un superpoder humano. Igual que el pájaro vuela para escapar del peligro, yo utilicé las alas de la fe y la esperanza para escapar de mi miedo a morir. Lo único que falta en esta ecuación que conjuga pasado y futuro es cómo se actualiza en el momento presente. El presente era mi conversación con mi madre, la transmisión de su "superpoder". Mi madre me hizo descubrir mis alas y me animó a usarlas igual que el pájaro enseña a sus crías a volar del nido. Mi madre hizo aquello movida por su estima hacia mí, porque yo era "caro" para ella. La CARIDAD es lo que le movió a introducirme el mito. Decidió "equiparme" como ser humano con lo mejor que ella había encontrado hasta la fecha. Ese fue el árbol de la sabiduría que escogió (la ciencia) y esa fue la manzana que me hizo morder (la máquina del tiempo). Una vez equipado con la FE, la ESPERANZA y la CARIDAD, ya no hay manera de regresar al paraíso de mi propia inocencia. Tras esa singularidad comienza el tiempo, comienza mi historia, mi éxodo en busca de la tierra prometida en el que mi miedo original desaparece porque la promesa se ha cumplido. Ese es mi big bang, a partir de ese momento empieza la creación de un universo virtual dentro de mí. Cada elemento que me rodea, cada nueva percepción pasa a ser juzgada según esta nueva "tridimensionalidad" llamada FE/ESPERANZA/CARIDAD.
Al conocer mejor el sistema científico a través de la educación se robustecía mi fe, al contemplar cómo la ciencia y la tecnología mejoraban mi vida en mil aspectos se robustecía mi esperanza. Cuando calmaba mi dolor y el dolor de aquellos que consideraba "caros" ejercía la CARIDAD. Al empezar a juzgar la realidad desde estas coordenadas y al hacerlo desde una edad tan temprana es comprensible que acabara confundiendo la "realidad virtual" con la "realidad". Es más, la necesidad de desterrar el miedo a la muerte hacía imposible cualquier tipo de "relativismo". La eficacia de la realidad virtual reside en olvidarse de que es virtual, porque de esa manera se considera que puede combatir un problema "real". Cualquier paciente que tome un placebo necesita creer que está tomando una medicina para que se opere el milagro. Incluso cuando sabemos que un medicamento es un placebo se lo administramos a nuestros seres "caros" porque sabemos del poder de la fe en la ciencia y esperamos que esta vez ese poder actúe de nuevo para curar al que queremos. Creamos esa ilusión movidos por la CARIDAD.
A lo largo de la historia millones de individuos del género homo y de la especie sapiens han consagrado sus vidas a la promoción de la fe, la esperanza y la caridad. Estas personas son "campeones de la realidad virtual". Están tan sumergidos en ella que son capaces de posponer todo tipo de gratificaciones instantáneas a las que tendemos de manera natural a causa de nuestra naturaleza animal. De esta manera, algunos individuos sapiens posponen temporal o indefinidamente su necesidad de gratificación sexual. Toda esa energía reprimida se utiliza en la construcción del mito. Y viceversa, el poder del mito se puede medir en cómo logra que los sapiens repriman su sexualidad. Aquellos que inluenciados por el mito posponen la gratificación sexual se dice que poseen la virtud de la CASTIDAD mientras que aquellos sobre los cuales el mito no es suficientemente influenciador (ni los inspira, ni los asusta lo suficiente) se dice que cometen el vicio de la LUJURIA. Cuando el poder del mito inhibe la gratificación material se dice que los que viven bajo su influencia tienen la virtud de la POBREZA. La fe, esperanza y caridad de estas personas es tan elevada que no se preocupan de garantizar su propia supervivencia, ya que confían plenamente en que el mito les proveerá. De esta manera ni acumulan grasa en su cuerpo, ni dinero en el banco, ni energía para sí mismos. Todo lo entregan a los demás porque el mito los protege (o porque temen al mito). Aquellos que no viven bajo la influencia del mito no posponen su gratificación instantánea y acumulan alimentos comiendo tanto como pueden. Ese es el vicio de la GULA. También acumulan tantas riquezas como pueden en una actitud que se denomina el vicio de la AVARICIA. Por último, los sapiens que viven fuera del mito no colaboran con los otros sapiens, no invierten su energía en los demás, y se les cataloga como entregados al vicio de la PEREZA. El mito también puede ejercer una gran influencia sobre un último tipo de energía: las emociones. Algunas personas altamente influenciadas por el mito desarrollan una total sumisión al mismo que se conoce como la virtud de la OBEDIENCIA. Son individuos capaces de posponer su propia voluntad de poder, su natural ímpetu en ponerse por encima de los demás, en dominar la manada. Cuando el mito no domina al individuo entonces no presta atención a nadie en una actitud que se considera SOBERBIA, no presta bienes a nadie en una actitud que se denomina AVARICIA y por último no prestan su energía a nadie en una actitud que se considera PEREZA.
La soberbia es la gula del ego
La avaricia es la ambición del ego
La ira es la pereza del ego
La tristeza es la lujuria del ego
Me falta todavía una pieza del puzzle para acabar de entender el modelo, pero por el momento este texto lleno de borrones y contradicciones muestra el camino. Lo que más claro tengo es que me gusta más un modelo de 8 pecados capitales porque ahora mismo la lujuria queda huérfana. Siempre han sido 8 hasta que san Gregorio los redujo a siete. Fusionó tristeza y pereza y transformó vanagloria en soberbia y envidia.





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