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Ayer fue el día. Finalmente rompí la racha y no escribí. Normalmente llego al final de la semana cansado. Me desperté con Jessica y tuvimos una mañana muy bonita, acabamos tomando café junto al trabajo. Los últimos días acabé escribiendo en 8fit, antes de empezar a trabajar. Hoy me he levantado y tampoco me he sentado a escribir hasta las 3 de la tarde. Me he levantado sin energía y con ansiedad. Se me hace un mundo todo, el camino de artista se me hace una losa pesada en vez de una liberación. Las grandes diferencias de esta semana respecto a la anterior están en que no he hecho deporte, un día trabajé jornada completa y me vine abajo, tuve mucha ansiedad con un error de calculo que cometí, y en general he optado cada vez que algo me costaba por lo fácil, por la recompensa inmediata. A veces pienso que estoy totalmente viciado para hacer nada importante. Simplemente tengo una intolerancia total al sacrificio. Soy un narcisista y ni tan siquiera soy capaz de sacrificarme por mi ego: ¿cómo me voy a sacrificar por el de los demás? Dentro de ese balance sacrificio-recompensa, noto que tengo que balancear de nuevo hacia el sacrificio, pero los muros de contención que tenía antes están todos destruídos. Es la otra cara de la moneda del mauerfall. Respiras más y mejor, pero te vuelves muy incapaz de sumirte en cualquier otra realidad que te implique sacrificio. La manera que veo de salir de esta es ser muy consciente de mis valores, visión y misión. Intentar que toda esa contención que me falta venga de no querer traicionarme a mí mismo, venga de la fidelidad a mis principios y no de la asunción de otras realidades limitantes.
El éxito no tiene sentido si lo que te hace triunfar no es una expresión honesta de lo que llevas dentro. ¿Cómo se puede soportar toda esa disociación entre lo que eres y lo que haces? No me extraña que todos esos artistas que triunfan muy jóvenes tengan luego problemas para continuar su carrera, especialmente cuando su producción artística ha sido más un producto de ingeniería que una expresión auténtica de sí mismos. Es por eso que creo que no estoy destinado a grandes superproducciones, ni siquiera a proyectos colectivos. Soy tan intolerante que no puedo otra cosa que elegir formatos en los que pueda desarrollarme sin ningún tipo de ayuda ni colaboración. Esto es limitante, pero me conozco. No aspiro a ser famoso, sino a curarme. Miento, me gustaría tener un gran impacto, mis ideas lo merecen, pero por sentido de la honestidad debo hacerlo sin pagar por ello el precio de la salud. "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma?" Es injusto presentar como modelos gente que para llegar a ello ha pagado el precio de su salud, de su correcta maduración del carácter, de su felicidad. No me gustaría que la Vida de Mauerfall fuera "cómo ser un artista mundialmente famoso", sino "cómo ser un artista feliz". Sí, me angustia profundamente que lo que llevo dentro se pierda, que viva una vida indigna de todos los dones que he recibido. Pero he de contener ese miedo a la muerte, ese miedo a desaparecer en el olvido colectivo. Si me dejo llevar por ese miedo solo seré un coleccionista de followers más. Dejaré la loca carrera de la emprendeduría en busca de dinero y fama por la loca carrera del artista por los mismos fines. No puedo saltar al mundo artístico por dinero y fama. Ya he prostituido todas mis pasiones anteriores, es el momento de intentar algo diferente. Es el momento de invertir mi energía sin estar pensando en cómo va a retornar eso, en cómo va a incrementar mi ego. Quiero que salgan de mí expresiones puras, honestas, desinteresadas.
El mundo ya tiene suficientes personas de éxito. Quiero darle un fracasado feliz. Quiero un mundo con menos jerarquías, más horizontal, y eso es imposible si seguimos la loca carrera por ver quién la tiene más grande. Igual esto que digo es estúpido, quizás hasta contraproducente. Quizás esta lucha por expandir nuestro ego es lo que nos mantiene vivos. Sí, es lo que nos mantiene vivos, pero para garantizar nuestra existencia no podemos comprometer la de los demás. No se puede crecer a cualquier precio, no quiero llegar a un día en que alguien pudiera sentirse desengañado conmigo. Ya está bien de vivir en la ilusión, de promover la ilusión, de cambiar una ilusión por otra. Ni vivimos en la caverna ni somos niños. No necesitamos contarnos historias para convencernos de lo que hay que hacer, ni tener padres que nos amenacen con castigarnos, ni Reyes Magos que nos premien. No necesitamos mitos porque podemos entender la realidad y asumir sus consecuencias. No necesitamos amenazas porque podemos entender que estamos interrelacionados y colaborar voluntariamente en la forma más eficaz de supervivencia. No necesitamos premios porque podemos entender que ya estamos disfrutando del premio y que lo que nos pasa aquí y ahora es lo más bello que podemos experimentar, el recuerdo más dulce que podemos tener, la única esperanza que podemos albergar y el mejor regalo que podemos recibir y dar. Y si necesitamos en algún momento reforzar nuestra actuación con mitos, amenazas y promesas al menos construyámoslos cada uno por su cuenta, con autonomía y responsabilidad personal, completamente adaptados a nuestra personalidad y sin que puedan ser adoptadas ni compartidas con nadie más, para no repetir el mismo error de convertir la búsqueda de la felicidad en un negocio más, en una forma de poder. Sueño con una humanidad que no utiliza las carencias de los demás para esclavizarlos. Sueño que hay maneras más eficientes de compartir los recursos naturales y espirituales. Sueño que la humanidad puede imitar mejor la naturaleza y crear sistemas distributivos orgánicos, holísticos. Sería el final de la humanidad posiblemente.



Ayer fue el día. Finalmente rompí la racha y no escribí. Normalmente llego al final de la semana cansado. Me desperté con Jessica y tuvimos una mañana muy bonita, acabamos tomando café junto al trabajo. Los últimos días acabé escribiendo en 8fit, antes de empezar a trabajar. Hoy me he levantado y tampoco me he sentado a escribir hasta las 3 de la tarde. Me he levantado sin energía y con ansiedad. Se me hace un mundo todo, el camino de artista se me hace una losa pesada en vez de una liberación. Las grandes diferencias de esta semana respecto a la anterior están en que no he hecho deporte, un día trabajé jornada completa y me vine abajo, tuve mucha ansiedad con un error de calculo que cometí, y en general he optado cada vez que algo me costaba por lo fácil, por la recompensa inmediata. A veces pienso que estoy totalmente viciado para hacer nada importante. Simplemente tengo una intolerancia total al sacrificio. Soy un narcisista y ni tan siquiera soy capaz de sacrificarme por mi ego: ¿cómo me voy a sacrificar por el de los demás? Dentro de ese balance sacrificio-recompensa, noto que tengo que balancear de nuevo hacia el sacrificio, pero los muros de contención que tenía antes están todos destruídos. Es la otra cara de la moneda del mauerfall. Respiras más y mejor, pero te vuelves muy incapaz de sumirte en cualquier otra realidad que te implique sacrificio. La manera que veo de salir de esta es ser muy consciente de mis valores, visión y misión. Intentar que toda esa contención que me falta venga de no querer traicionarme a mí mismo, venga de la fidelidad a mis principios y no de la asunción de otras realidades limitantes.
El éxito no tiene sentido si lo que te hace triunfar no es una expresión honesta de lo que llevas dentro. ¿Cómo se puede soportar toda esa disociación entre lo que eres y lo que haces? No me extraña que todos esos artistas que triunfan muy jóvenes tengan luego problemas para continuar su carrera, especialmente cuando su producción artística ha sido más un producto de ingeniería que una expresión auténtica de sí mismos. Es por eso que creo que no estoy destinado a grandes superproducciones, ni siquiera a proyectos colectivos. Soy tan intolerante que no puedo otra cosa que elegir formatos en los que pueda desarrollarme sin ningún tipo de ayuda ni colaboración. Esto es limitante, pero me conozco. No aspiro a ser famoso, sino a curarme. Miento, me gustaría tener un gran impacto, mis ideas lo merecen, pero por sentido de la honestidad debo hacerlo sin pagar por ello el precio de la salud. "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma?" Es injusto presentar como modelos gente que para llegar a ello ha pagado el precio de su salud, de su correcta maduración del carácter, de su felicidad. No me gustaría que la Vida de Mauerfall fuera "cómo ser un artista mundialmente famoso", sino "cómo ser un artista feliz". Sí, me angustia profundamente que lo que llevo dentro se pierda, que viva una vida indigna de todos los dones que he recibido. Pero he de contener ese miedo a la muerte, ese miedo a desaparecer en el olvido colectivo. Si me dejo llevar por ese miedo solo seré un coleccionista de followers más. Dejaré la loca carrera de la emprendeduría en busca de dinero y fama por la loca carrera del artista por los mismos fines. No puedo saltar al mundo artístico por dinero y fama. Ya he prostituido todas mis pasiones anteriores, es el momento de intentar algo diferente. Es el momento de invertir mi energía sin estar pensando en cómo va a retornar eso, en cómo va a incrementar mi ego. Quiero que salgan de mí expresiones puras, honestas, desinteresadas.
El mundo ya tiene suficientes personas de éxito. Quiero darle un fracasado feliz. Quiero un mundo con menos jerarquías, más horizontal, y eso es imposible si seguimos la loca carrera por ver quién la tiene más grande. Igual esto que digo es estúpido, quizás hasta contraproducente. Quizás esta lucha por expandir nuestro ego es lo que nos mantiene vivos. Sí, es lo que nos mantiene vivos, pero para garantizar nuestra existencia no podemos comprometer la de los demás. No se puede crecer a cualquier precio, no quiero llegar a un día en que alguien pudiera sentirse desengañado conmigo. Ya está bien de vivir en la ilusión, de promover la ilusión, de cambiar una ilusión por otra. Ni vivimos en la caverna ni somos niños. No necesitamos contarnos historias para convencernos de lo que hay que hacer, ni tener padres que nos amenacen con castigarnos, ni Reyes Magos que nos premien. No necesitamos mitos porque podemos entender la realidad y asumir sus consecuencias. No necesitamos amenazas porque podemos entender que estamos interrelacionados y colaborar voluntariamente en la forma más eficaz de supervivencia. No necesitamos premios porque podemos entender que ya estamos disfrutando del premio y que lo que nos pasa aquí y ahora es lo más bello que podemos experimentar, el recuerdo más dulce que podemos tener, la única esperanza que podemos albergar y el mejor regalo que podemos recibir y dar. Y si necesitamos en algún momento reforzar nuestra actuación con mitos, amenazas y promesas al menos construyámoslos cada uno por su cuenta, con autonomía y responsabilidad personal, completamente adaptados a nuestra personalidad y sin que puedan ser adoptadas ni compartidas con nadie más, para no repetir el mismo error de convertir la búsqueda de la felicidad en un negocio más, en una forma de poder. Sueño con una humanidad que no utiliza las carencias de los demás para esclavizarlos. Sueño que hay maneras más eficientes de compartir los recursos naturales y espirituales. Sueño que la humanidad puede imitar mejor la naturaleza y crear sistemas distributivos orgánicos, holísticos. Sería el final de la humanidad posiblemente.



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