

Hoy empiezo a exponer el proceso de escritura de mi siguiente proyecto. ¿Por qué?
Un experimento contra el texto terminado y el autor como marca

"Gato negro". Entrada 01: dos anécdotas que me llevaron a pensar en esta historia
El año pasado, dos anécdotas encendieron mi imaginación. Estas me llevaron a empezar "Gato Negro": un cuento sobre cómo los videojuegos online participativos entrenan a los niños en capitalismo, antes que en apoyo mutuo. Además: duelo 2.0. ¿Cómo se lidia con la pérdida desde los entornos virtuales?
Creo que la ciencia ficción pertenece, ante todo, a quien la lee. Por eso, no basta con escribir sobre futuros alternativos ni con declarar una ciencia ficción “libre” en abstracto. Si de verdad queremos imaginar otros mundos, debemos intervenir la lógica de circulación del arte y el conocimiento. En otras palabras, es necesario cuestionar el sistema editorial no solo con ideas, sino con acciones concretas. De ahí la intención de elegir infraestructuras distintas para llegar a los lectores.
Por eso elijo una plataforma de publicación onchain. Porque el medio también es el mensaje.
En estos años, como escritor y editor con una mirada abiertamente antiautoritaria, he sido invitado a paneles y foros en distintos países para hablar de realidades especulativas diversas y políticamente comprometidas. Dubai, Indonesia, China, Brasil, Italia, Finlandia. En todos esos espacios he notado un entusiasmo real por cambiar el tono con el que imaginamos el futuro, y una urgencia por encontrar herramientas reales para transformar esa imaginación en estrategia.
Pero hay una contradicción que se repite. Queremos futuros más libres, mientras buena parte de la literatura que intenta abrir esos futuros sigue atrapada en contratos y lógicas de impresión y distribución que limitan su alcance. No se trata de demonizar a las editoriales ni de negar su valor (yo mismo publico en distintos sellos tradicionales). El problema aparece cuando la exclusividad, o las restricciones materiales, terminan secuestrando la obra y alejándola de espacios alternativos de libre acceso, donde podría encontrar grandes lectores.
Paragraph, entonces, será mi base. Quiero construir aquí un archivo vivo de mi trabajo, tanto de lo ya publicado como de lo inédito. Que este lugar/no-lugar funcione como repositorio y también como laboratorio de reflexión sobre “otros” futuros, los que se rebelan contra el pesimismo distópico y entienden la literatura de anticipación como un ejercicio de libertad.
Vivimos tiempos inciertos. Hoy, más que nunca, la ciencia ficción tiene la responsabilidad de tomar partido y convertirse en un acto de resistencia.
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Creo que la ciencia ficción pertenece, ante todo, a quien la lee. Por eso, no basta con escribir sobre futuros alternativos ni con declarar una ciencia ficción “libre” en abstracto. Si de verdad queremos imaginar otros mundos, debemos intervenir la lógica de circulación del arte y el conocimiento. En otras palabras, es necesario cuestionar el sistema editorial no solo con ideas, sino con acciones concretas. De ahí la intención de elegir infraestructuras distintas para llegar a los lectores.
Por eso elijo una plataforma de publicación onchain. Porque el medio también es el mensaje.
En estos años, como escritor y editor con una mirada abiertamente antiautoritaria, he sido invitado a paneles y foros en distintos países para hablar de realidades especulativas diversas y políticamente comprometidas. Dubai, Indonesia, China, Brasil, Italia, Finlandia. En todos esos espacios he notado un entusiasmo real por cambiar el tono con el que imaginamos el futuro, y una urgencia por encontrar herramientas reales para transformar esa imaginación en estrategia.
Pero hay una contradicción que se repite. Queremos futuros más libres, mientras buena parte de la literatura que intenta abrir esos futuros sigue atrapada en contratos y lógicas de impresión y distribución que limitan su alcance. No se trata de demonizar a las editoriales ni de negar su valor (yo mismo publico en distintos sellos tradicionales). El problema aparece cuando la exclusividad, o las restricciones materiales, terminan secuestrando la obra y alejándola de espacios alternativos de libre acceso, donde podría encontrar grandes lectores.
Paragraph, entonces, será mi base. Quiero construir aquí un archivo vivo de mi trabajo, tanto de lo ya publicado como de lo inédito. Que este lugar/no-lugar funcione como repositorio y también como laboratorio de reflexión sobre “otros” futuros, los que se rebelan contra el pesimismo distópico y entienden la literatura de anticipación como un ejercicio de libertad.
Vivimos tiempos inciertos. Hoy, más que nunca, la ciencia ficción tiene la responsabilidad de tomar partido y convertirse en un acto de resistencia.

Hoy empiezo a exponer el proceso de escritura de mi siguiente proyecto. ¿Por qué?
Un experimento contra el texto terminado y el autor como marca

"Gato negro". Entrada 01: dos anécdotas que me llevaron a pensar en esta historia
El año pasado, dos anécdotas encendieron mi imaginación. Estas me llevaron a empezar "Gato Negro": un cuento sobre cómo los videojuegos online participativos entrenan a los niños en capitalismo, antes que en apoyo mutuo. Además: duelo 2.0. ¿Cómo se lidia con la pérdida desde los entornos virtuales?
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