El Corazón de su Primer Equipo Mauro siempre había soñado con tener su propio equipo de cómputo. No uno cualquiera, sino uno que le permitiera crear, programar, jugar y —en sus palabras— “sentirse parte del mundo real”. Para él, tener una computadora significaba independencia, crecimiento y, sobre todo, poder dar el primer paso hacia su futuro como desarrollador. Lo que no sabía era que ese sueño, armado con prisas e ilusión, lo llevaría a una de sus lecciones más costosas, pero también más v...