El sol de la tarde se filtraba por la ventana, pintando de un tono dorado las estanterías polvorientas. En una de ellas, bajo una capa de olvido, yacía una carpeta con el nombre "Arca". Dentro, entre bocetos a mano y anotaciones de hace tres años, se encontraba el sueño de Elara: una plataforma digital para conectar a artesanos locales con un mercado global. Era su tesis de grado, su pasión, su futuro. Y la razón por la que, en ese momento, estaba a punto de perder su negocio. Elara había log...